El Correo de Burgos

Creado:

Actualizado:

MENUDO PANORAMA. Una que vuelve con paz, y mira, toma batiburrillo. Pero no se crean, la estampa pintoresca a priori me agrada. A ver lo que dura. Porque la que escribe, ingenua de nacimiento, desapegada por profesión y abstencionista por principio, traga con este mal menor, nacido de tan mejorable sistema (por mucho que haya quien lo eleve a la excelencia) hijo de la Transición, confiada en que sirva para algo. Me refiero como suponen al colorido manto que el domingo cubrió los ayuntamientos españoles. Y trago a la espera de que sirva para demostrarme que no tengo razón cuando barrunto que en la política –de salón, que las hay de otros tipos- no queda sitio para el sentido común.

Toca hablar, acercarse, ceder y fijar líneas, queridos electos, toca pensar en las ciudades (y pueblos) y en quienes las habitan, porque son ellos -algunos, en honor a la verdad- los que os han dado el cargo.

Y el sentido común tiene un apellido que viene al caso y apunta a velar por todos, a no dejarse cegar por datos equívocos que pintan lo que no es, ¿verdad Mariano?, ni por votos acumulados que, seamos sinceros, siempre son menos que los emitidos, o no, por el resto, ni por eslóganes ideológicos tan grandilocuentes como despegados de lo cotidiano. Toca renovar un aire viciado y ser honestos, vamos, lo que lleva tocando décadas mientras se hacían los sordos. Espero que el fin del ‘absolutismo’ devuelva a muchos la empatía.

Toca hacer las cosas bien y anteponer lo que toca a los egos, toca preguntar qué toca a los que llegan tocados y casi hundidos, que, sin figurar en las estadísticas dichosas que consultan los que celebran lo bien que estamos, se merecen la mirada más urgente, esa segunda oportunidad que, pese a todo, sí tendrán muchos en los plenos municipales.

Si al final ocurre, y así constará en este acta particular, habré de reconocer que tenían razón los que confiaban. Pero todavía no hay nada que celebrar y en su contra surgen algunos discursos que tropiezan con la misma piedra. Luego están los que huyen si pierden la vara de mando, esa es otra historia.

Yo, de momento, adopto la postura del apóstol que quiso tocar la herida para constatar el milagro y si no la llego ni a atisbar, que puede ser, seguiré fiel a mi idea de que el cambio posible está aún por llegar y en nuestra mano todos los días y no solo cada cuatro años.

tracking