Madera y frío
A VECES NOS preguntamos, por qué hay historias tozudas que van a su aire con vida propia y a contrapelo. Llevan un velo de misterio que las adorna y hace propicias para leer en una tarde pavorosa de calor en agosto, después de la siesta. Los humanos llevamos dentro un enjambre de itinerarios lógicos y emociones que nos hacen ser casi iguales ante los miedos, alegrías, rencores y miserias también. De esto puede escribirse con certeza que estamos predeterminados a comportamientos parecidos. Historias que son en nosotros, semejantes. El tiempo discurre entre amor y desamor o niñez y vejez. Cruzamos caminos que nos llevan a veces a fondos de saco y en ocasiones, hacia abismos. Pasiones, tentaciones y secretos son iguales desde el principio de los tiempos, desde que Caín ganó a su hermano Abel. Pero hay otros mundos que funcionan con mecanismos alejados a los nuestros, bípedos evolutivos hijos de Eva. Casi puedo asegurar que es cuestión de la envoltura que nos contiene, a riesgo de pasar a lo onírico, nuestra fina piel oculta y disimula las imperfecciones del interior. El alma está escondida debajo de la tez y no se muestra como es en la mayoría de los casos. Sutil transición entre lo visible e invisible. Piel blanca, negra, piel mulata o albina. Las guerras y enciclopedias han girado entorno a su color. Este es el resumen de la historia, desde que el mundo es mundo. No así para otras pieles que tienen lenguaje propio y algunas, llegan a ser sublimes en el tiempo. La madurez se alcanza con paciencia, cuando la madera de arce o abeto han de secarse durante más de cincuenta años antes de cortarse en finas láminas. Madera correosa fruto de la pequeña edad de hielo que enfrió las chimeneas durante el siglo XVII en la ciudad de Cremona. El cambio climático es cíclico también y en pocas décadas, viviremos otra glaciación en este mundo contemporáneo. Desde el taller del mejor de los Luthiers se creó una familia de instrumentos que tienen vida y alma propias. Sin duda alguna, el sonido de Stradivarius sale por los poros de su barniz secreto. Violas y violines de una familia numerosa que hoy se habla y reúne para las mejores galas, cuando virtuosos posan sus manos en las cuerdas con el arco. A la fecha, se conservan 650 de los 1.100 instrumentos mágicos. Toda una estirpe. Son mimosos y regresan siempre a quienes acarician su brillo aterciopelado. Después de 35 años, el violín Ames valorado en 6 millones de dólares, vuelve a la casa de la que fue robado. La voz de madera con timbre al barniz, llama a la puerta.