El Correo de Burgos

Creado:

Actualizado:

No. Ni una. Basta ya. La sociedad no puede ser cómplice de asesinato mirando para otro lado. Desde que el mundo es mundo, se ha asesinado, vejado y humillado a mujeres por el mero hecho de serlo y las cifras, lejos de invitar al optimismo, oscilan, pero no mejoran. De hecho, las de los últimos meses indican que en España se produce un crimen de género cada dos días. Algunos, como el de las dos jóvenes asesinadas en Cuenca, saltan a la palestra y remueven conciencias. Pero también suscitan la polémica. Y es que, en ocasiones, se cuestiona la idoneidad de visibilizar el maltrato a través de los medios. La medida tiene sus detractores, que afirman que se banaliza el tema y puede que incite a otros a seguir el mismo camino. Yo no creo que sea precisamente la televisión, o el titular de un periódico, quien active el ‘clic’ del maltratador y considero que ocultarlo no va a hacerlo desaparecer, mientras que hacerlo público puede darle a una mujer víctima de violencia el coraje suficiente para salir de ahí antes de que sea demasiado tarde. Pero hace falta más que eso. Mucho más. Para erradicar esta lacra es necesario situarla en el objetivo central de las agendas políticas pero, sobre todo, subrayar el deber de proteger a las mujeres de la violencia, en lugar de sugerir su cota de culpabilidad. Porque así es, podemos ser insultadas, vejadas, golpeadas, desaparecidas, secuestradas, violadas, mutiladas, asesinadas…pero se nos educa en la culpa y terminamos pensando que «tal vez fui yo, que me puse una falda demasiado corta», «fue culpa mía, no debí elegir esta ruta alejada del centro» para acabar creyendo que «quizá merezco el castigo, porque se me quemaron las lentejas». Llevamos grabados a fuego factores culturales que afectan a todos los ámbitos y que, en ocasiones, parecen legitimar la violencia. Hemos entronizado determinados roles que perpetúan estereotipos sexistas, pero también hemos equivocado los términos educando a las mujeres para prevenir un ataque, convirtiéndolas en potenciales culpables y no en víctimas. Y lo hemos hecho tan bien, que todas llevamos el miedo en el cuerpo y no podemos evitar acelerar el ritmo cuando notamos que alguien nos sigue en la calle, o un desconocido entra en el último momento en el ascensor en el que nos encontramos.

Me gustaría no vivir con miedo, porque no he hecho nada para merecer un ataque. Me gustaría vivir con la sensación de que soy libre para elegir cómo me comporto, qué ropa visto o qué ruta elijo para volver a casa sin temor a que mis decisiones puedan suponer un peligro. Pero sobre todo, me gustaría que no hubiera ni una mujer más que muera, por el mero hecho de ser mujer.

tracking