El Correo de Burgos

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Lanzado en una carrera hacia la destrucción camina un mundo que no se toma el más mínimo respiro para reflexionar sobre las consecuencias de sus actos, guiados únicamente por el criterio del beneficio económico. Solo importa el aquí y ahora en un presente cada vez más amenazado por la ausencia de porvenir.

Unos pocos deciden cada día el futuro de la gran mayoría, que se limita a seguir -sin levantar la cabeza ni alzar la voz- los oscuros designios trazados en los despachos que comparten los poderes político y financiero (siempre ajenos al sufrimiento que provocan en millones de personas que sucumben bajo el peso de un sistema que los humilla y utiliza para incrementar la cuenta de resultados de quienes se encuentran encaramados en el vértice de la pirámide del oprobio).

Las mentes lúcidas quedan arrinconadas. Quienes aspiran a cambiar un sistema podrido son tachados de traidores a la patria. Se impone la cultura del pelotazo. La corrupción se institucionaliza y la política se convierte en una profesión para aventureros y holgazanes incapaces de ganar un sustento para vivir. La búsqueda del bien común queda sepultada en un rincón de la memoria, bajo dietas, sobresueldos y puertas giratorias. ¿Puede alguien en su sano juicio explicar cómo es posible de otra forma que la sociedad acepte sin demasiadas preguntas que con la coartada de una crisis (una estafa) los adalides del neoliberalismo conviertan la sanidad (otrora pública y universal) en un negocio para llenar los bolsillos de sus amigos de turno?

O que utilicen un drama humano como el que viven en los últimos meses los refugiados sirios que se desplazan a la Vieja Europa -otrora paradigma del Estado de Bienestar- en una subasta de licencias de asilo.

O que permitan que las carreteras como la N1 se sigan tiñendo de sangre (son más de 250 las víctimas que se ha cobrado el tramo Burgos-Miranda en los últimos 20 años) por la incapacidad, o la mala fe, de los dirigentes empeñados en extender sin límite los beneficios de una concesión concebida para 20 años y que ya va por los 44. Deshumanización.

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