El Correo de Burgos

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Ha pasado tiempo suficiente desde que en nuestra ciudad, como en otras, las tornas políticas cambiaron de la mis a la media. La mayoría absoluta del PP saltó por los aires al tiempo que el vértigo se metía en muchos estómagos que tenían las puertas siempre abiertas en el consistorio. Hace poco, me decía un concejal de los de siempre, de los que conoce bien la casa grande por ser de los históricos, que en años pasados muchos no contaban con ellos, porque no mandaban. Pero últimamente vienen a susurrar a sus oídos ahora que las matemáticas hacen que en cualquier momento lo imposible sea posible, y al contrario también. Los primeros aprietes de tuerca y encajes llevaron a posiciones raras como las iniciales de Ciudadanos. Un PSOE maridado con Imagina y los populares, desvencijados. El panorama a pocos días de la toma de posesión del nuevo alcalde, parecía ingobernable. Después de cien días podemos extraer unas gotas de sangre municipal y analizar bajo el microscopio ciudadano la tendencia a posibles catarros. Pues bien, salvo que parezca un espejismo, todas las fuerzas políticas han tomado acuerdos por unanimidad que no parecían anunciarse con tanta soltura. A nadie se le ocurre decir un no al refuerzo de estrategias municipales que avalen el tejido social dañado por la crisis. Muchos burgaleses se asoman cada día al precipicio. Propuestas de gestión e impulso a partes esenciales del día a día, parecen estar en la mesa de negociación y más vale que se sigan poniendo de acuerdo. Tiene que ser duro para el Alcalde en minoría, comulgar con ruedas de molino, pero no parece que hasta ahora lo haya hecho al hilo de las decisiones tomadas por todos o casi todos. Cierto también que los corporativos están observados por quienes les votamos y no tienen margen de confianza para meter la pata. Han de hilar muy fino. Adivino sentido común generalizado en todos y cada uno de los escaños, por la cuenta que les trae. El aterrizaje de Ciudadanos, poco afortunado, se va esmerilando y encajando como ya se ha visto en decisiones importantes. La efervescencia de Imagina se atenúa en la estructura más sosegada del PSOE. Da la impresión de que todos tienen su espacio de libertad y toman acuerdos por suma o resta de intenciones. Está por ver el diseño de ciudad a través de sus barrios, bajo el concepto de distritos. Todo un reto y una bomba de relojería a la vez. En definitiva, ciento y un días como ciento un dálmatas corren por nuestras calles. Sigan poniéndose de acuerdo y no se muerdan.

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