Sólo por ser como eres
AUN CON esos pequeños atisbos de rebeldía sin causa; con esos arranques de incipiente soberbia, autosuficiencia y falta de la infinita paciencia que la vida y la experiencia te va aportando según arrancas las hojas del calendario. Aun con esos tintes -hoy teñidos de azul- de un egoísmo mezclado con la ternura y el cariño, con la buena conciencia y el arrepentimiento, con la locura y la responsabilidad, aquella pequeña niña de intensos ojos verdes y dulce carita se ha hecho mujer. Una mujer cabal, responsable la mayor parte del tiempo, testaruda pero comprensiva, inquieta pero sesuda, impulsiva y reflexiva; dura e inflexible, pero derretible ante cualquier golpe que ya comienza a darle la vida... Eso y mucho más es ese pequeño ser que un día hace 16 años pugnaba por hacerse un hueco en el mundo que la vería nacer. Quiso adelantarse, o al menos eso decían los sesudos médicos, aunque al final cumplió con lo esperado y llegó al mundo sin apenas una lágrima pero dispuesta a comérselo.
Hoy, bueno mañana, ya habrá superado esa cifra bonita que su abuelo cantaba cuando jugábamos al bingo en las fiestas navideñas. De pequeños no entendían porqué se le llamaba a ese número ‘la niña bonita’. Hoy le queda lejos como lejos le queda aquel primer día de instituto; aquella primera salida con las amigas que se prolongaba hasta media tarde y le parecía toda una proeza.
Hoy, el móvil se ha convertido en la extensión de sus dedos y comienzan a pulular los primeros novios, y a buen seguro los primeros contratiempos y angustias que comparte como no podría ser de otro modo con sus amigas, almas gemelas que luchan como ella por hacerse un hueco en esta sociedad que les ha tocado vivir.
Y hoy esta niña-mujer se ha convertido ¡y de qué manera! en el bastón de quien les escribe. En el aire que inspira y en el suspiro que expulsa. Hoy cruza el umbral de los 16, de igual modo que estas páginas de este periódico que nació cuando ella aún todavía pasaba de embrión a persona.
Una persona de la que me siento tan orgullosa que no puedo por menos que dedicarle estas pocas líneas, espero que con el beneplácito de todos ustedes.
Porque ella se lo merece. Día a día y año a año se ha ido mereciendo cada regalo de la vida que ha obtenido. Por su tenacidad y arrojo. Por su saber estar y su carácter. Por todo y por nada, porque simplemente es ella, esa mujercita que tan sólo es el aliento de mi vida. Eres mi orgullo, y el orgullo de cuantos de rodean, el orgullo de los que están y de los que se nos han ido. Simplemente eres tú y sólo por eso, por ser como eres, un beso y felicidades.