El Correo de Burgos

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Está claro que aún no se han curado las heridas de guerra de nuestros abuelos, en la que un bando ganó al otro de la misma forma que pudo ser al revés. El caso que, cada vez que se toca la cicatriz, aunque sea de refilón, sangra y escuece. Mi padre que se llama Plácido me contó una vez que vivió la guerra cuando fue pequeño y escuchó aviones sobrevolar el Arlanzón. Recuerda las chocolatinas de los alemanes que hicieron campamento y a su hermano mayor, Amador, marchar al puerto del Escudo de corneta. Mi tío tuvo suerte de volver y más de una vez me ha dado su versión en directo del olor a pólvora cuando se mezcla con la nieve. De pequeño siempre escuché estas historias como si fuesen un cuento pasado pero nunca entendí lo que significaba vencer y ser vencido. Entonces, las cartillas de racionamiento y el hambre durante muchos años y por eso me lo contaba al tiempo que echaba vino y azúcar en el chusco de pan duro que muchas veces probé. Divino manjar que hoy sería pecado dar a un chaval de los nuestros. En España hubo una guerra donde nuestros abuelos dividieron el territorio en lo grande y en lo pequeño. Hasta el más miserable pueblo tuvo dos bandos y las envidias y rencores llevaron a muchos al camión de la noche. En las guerras pierden siempre los don bandos aunque uno gane por la fuerza, como siempre ha sido y será. Ha pasado mucho tiempo desde entonces y son los nietos los que ahora tenemos que limpiar las tumbas de maleza y poner nombres donde no hubo mármol. Es nuestra herencia y hay que terminar de escribir esta trágica pesadilla. Pero no es fácil desenterrar la memoria y olvidar. Me pregunto en qué medida tenemos los de nuestra generación, ese papel asignado. Cronistas o correctores de la enciclopedia. Quitamos placas y estatuas. Cambiamos de nombre las calles. Damos tierra para siembre a los fusilados de las cunetas. Como ha de ser. Pero con esto no se olvida. Burgos fue el epicentro estratégico de la guerra civil y queden marcas, más en las gentes que en las paredes. A pesar de que Chamorro sigue desactivando proyectiles oxidados que se esconden bajo encinas en las laderas. Este sábado, en el Teatro Principal se leyó aquello de “ España necesita el esfuerzo de todos. Manos dignas que nos gobiernen, justicia social, ni zánganos ni convidados, jueces justos, exaltación patriótica, caridad cristiana, perdón para todos...», que visto así suena muy contemporáneo. Fueron las mismas palabras que el 19 de abril de 1938, dijo el General Juan Yagüe. Hoy en boca de su hija. Mis hijos me preguntan muy pocas veces, quien fue Franco. Les digo tan sólo, quien ganó la guerra.

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