El Correo de Burgos

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FUNCIONA BIEN porque no hay pautas escritas y el sentido común marca las reglas del juego. Hasta donde los límites de la red obliga a llenar un grupo heterogéneo de WhatsApp con 100 contertulios y contenido variopinto, colorista y banco de pruebas para una tesis doctoral en sociología. Por culpa de Villaverde el de Villalonquejar estoy dentro de esta centuria que no para de sonar a todas las horas y en la que muchos querrían entrar, incluso pagando. Sucede a veces que cuando programas algo con todo detalle, salta por los aires y no funciona. Sin embargo, este conjunto de “guachaperos” se siente orgulloso de formar parte de la opinión burgalesa a la que sometemos a prueba y descarnamos a diario. Paco, maestro de ceremonias y por defecto de profesión, apunta los detalles de cada uno de nosotros en su lista de papel. Es el centurión. En la última comida de hermandad nos presentó a todos y de cada uno, dijo lo que más nos caracterizaba y subía el pavo. A tenor de las perlas escritas y audiovisuales que nos intercambiamos a través de la red, se me hace que hay de todos los palos en política y en percepciones de la vida misma. Finísimas contestaciones en clave irónica y con mensajes cifrados que sólo unos pocos entienden, según de quien venga el mensaje. Condolencias, felicitaciones y despistes se juntan en un todo uno que hay que conocer al final de la noche. Es un parlamento de 100 amigos donde cada uno somos de un padre y una madre, con ideas absolutamente dispares y mundos opuestos. Pero estamos unidos por un algo raro que tiene guasa y morbo a la vez. Funcionarios, autónomos, empresarios y políticos, encajamos en este puzle donde nadie sobra ni falta. Pocos somos del Barça y en esto estamos en franca desventaja ante la mayoría abrumadora del Madrid que reconoce que vendrán tiempos mejores para su equipo. No puedo dar nombres ni apellidos por exigencias del guión, son gentes de bien, conocidas y que ocupan puestos de responsabilidad en este tren que se mueve por las venas de Burgos y Castilla y León, cada día. Algún masón, algún músico frustrado, algún poeta arrepentido, algún cura que pudo haber sido y no fue, algún soñador que la rutina embrutece. Que se corra la voz, algo escondemos detrás de la puerta privada de este club selecto donde el azar marca sus reglas. Quitar y poner alcaldes. Cerrar bares y tapiar ventanas. Algo se trama.

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