Había una vez un mundo mágico...
…DONDE TODO era lo que parecía y también lo que uno quería, donde el cielo refulgía melancólico y las nubes eran torpes bailarinas, donde hadas y brujas se conjuraban unidas para reivindicar su victoria, donde en las ramas de los árboles crecían corazones y los versos se escribían puntada a puntada, donde los silencios lo decían todo y las soledades siempre estaban acompañadas, donde la sombra alargada del ciprés se estiraba hasta el infinito para besar a la luna, Besarse a la luna, / mujer, es besarnos / en toda la muerte, donde a las mujeres que querían ser liberales las acusaban de mujeres fatales, donde la espiritualidad suspiraba por una paleta cromática imposible, donde el insomnio se perdía en el bosque y los sueños tenían alma de hilo, donde las piedras milenarias se quitaban años de encima, donde algunas hadas estaban idas y Santo Tomás cortejaba a su duda, donde para adelantar varias casillas, aprende a hacerme cosquillas, donde la noche se pierde en las aguas del Arlanza y se deja habitar por seres alumbrados por la fantasía, donde las leyendas eran palabra de Dios y los cuentos se ovillaban con palabras de lumbre de invierno, donde los maestros del románico se enamoran de pintoras del siglo XXI, donde las damiselas quieren ser bailarinas y no meterse en la cocina, donde la naturaleza es una alfombra roja eterna…
...donde todo fue creado por mujeres que ni al séptimo día descansaron. Virginia Calvo, con su Almario (Arco de Santa María, hasta el 7 de febrero), y María José Castaño, con Las verdes praderas del cielo (Monasterio de Santo Domingo de Silos, hasta el 16 de febrero), invitan al espectador a abandonarse a este mundo de emociones, melancólico, vital y pausado, comprometido y crítico, silencioso y bullicioso, mágico y mágico otra vez. Ambas exposiciones, tan distintas en su lenguaje y en su temática, hacen tururú a una sociedad gris, permanentemente a la bronca, agazapada bajo banderas, himnos y líneas rojas presta a hincar el diente al más débil y a arrimarse al sol que más calienta, acoquinada ante el poderoso, corta de miras, poco aventurera y sin valentía en la maleta, a una realidad cansina.