El Correo de Burgos

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LOS NÚMEROS, en ocasiones inexactos en el mundo del fútbol, complican sobremanera que el Burgos CF logre el objetivo que desde el verano se pregonó desde la directiva y el vestuario: jugar el play off. Juan Carlos Barriocanal, quizás harto de que le tacharan de poco ambicioso, comenzó a lanzar el mensaje a las primeras de cambio. Cumplidos dos tercios de la campaña, la meta está realmente difícil. El equipo se encuentra a 10 puntos del cuarto clasificado y corre el peligro de acabar la Liga en tierra de nadie. Por lo menos parece que no habrá sufrimiento para mantener la categoría, un alivio después de lo visto en otras campañas.

¿Qué es lo que no funciona en el Burgos CF? La Arandina, vecino del conjunto blanquinegro y con un presupuesto sensiblemente inferior al del cuadro capitalino, está en estos momentos con los mismos puntos que la escuadra burgalesista. El Tudelano, un equipo menor que el Burgos CF, es cuarto, el Lealtad es séptimo o el Pontevedra sexto. Es entonces cuando el discurso del máximo mandatario blanquinegro se diluye. El argumento de la caprichosa ‘pelotita’ que a veces entra y otras no, lo utiliza a menudo. Aunque también suele echar mano de lo económico. Del dinero que hace falta para hacer un proyecto de mayor envergadura que aspire a todo, aunque hay veces que se contradice. Uno de sus argumentos que también utiliza es que un presupuesto alto no asegura resultados. El Burgos CF es un ejemplo.

El Burgos se ha convertido en un equipo mediano de la Segunda B. Los ‘proyectos realistas’, el desacierto en varias decisiones importantes, la falta de ambición o el conjunto de todo lo anterior en diferentes momentos han degradado a un equipo que no hace tanto era una referencia en la categoría. Llama la atención, ya que se trata de un club saneado, que cuenta con el apoyos públicos y privados, así como con una masa social que supera los 2.500 socios, algo de lo que no pueden presumir la mayor parte de las entidades con las que comparte categoría.

Algo falla y no todo se puede achacar al dinero o a que la ‘pelotita’ no entre. El estado actual del fútbol español hace que clubes como el blanquinegro puedan -y deban- aspirar a más. Pagan al día y tienen como valor añadido ser capital de provincia, contar con un estadio atractivo para la categoría y un buen número de aficionados ven todos sus partidos. Pero todo lo anterior no parece ser suficiente en la capital burgalesa, donde se van quemando proyectos sin que llegue el progreso esperado. Es una lástima, aunque es la realidad.

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