El Correo de Burgos

Creado:

Actualizado:

EL VIERNES pasado se aprueba el presupuesto de nuestro ayuntamiento con una cantidad de doscientos millones de euros en números redondos. Algunos lo esperaban ya y otros pronosticaban un enfriamiento que llevase a unas cuentas para el 2016, imposibles de cuadrar. Pero al final ha reinado la sensatez en la casa grande, con votos a favor, en contra y abstenciones, habrá dinero para que la mayor parte de las previsiones de gasto se hagan realidad. El acercamiento de Ciudadanos a Populares se deja ver, además de en otros gestos municipales, con el sí a estos presupuestos modificados por enmiendas del partido socialista, que por cierto, se abstiene en la votación para que las matemáticas sonrían a pesar de negarse Silvia e Imagina. Cada uno tiene argumentos suficientes para justificar la apuesta ya consolidada en el Pleno, respetables por supuesto, aunque bien pudieran haberse aprobado con más abstenciones y ninguno en contra. La gran parte del presupuesto aprobado se irá en servicios sociales, quedando poco más del 10% para inversiones y otro tanto para el pago de deuda. Con estos mimbres habrá que tejer el cesto en una ciudad donde todo es necesario después de estos años que dejan secuelas. En lo social, por supuesto, en el desgaste de ciudad e infraestructuras y en mil rincones. Serán veinte millones de euros los que se destinen a inversiones de todo tipo, entre las que se disolverán en compromisos ya adquiridos en los barrios que tanto lo necesitan y tantos años llevan esperando. Viene bien la sensatez y el ejercicio de responsabilidad para cumplir la palabra, los acuerdos y convenios adquiridos. Y se agradece, por supuesto. El jueves me llegaba el mensaje cómplice del concejal que tiene costumbre de chaparse los expedientes antes de pleno, anticipándome que los presupuestos saldrían adelante entre otras razones, por compromisos con los barrios. Sabemos que es así y bien venidos sea el tirón que dichos barrios están aportando a la ciudad. Quienes volamos raso como los gorriones en el día a día, nos entendemos con el mismísimo diablo a la hora de pactar y sacar las cosas adelante. Tiramos y aflojamos, renunciamos, tragamos, amagamos y hacemos de tripas corazón para que nuestro mundo no se detenga. Es así y no hay otra forma de hacer para que todo siga sin parar. Sin embargo, esta dialéctica mundana que vivimos a diario no parece calar en ayuntamientos, palacios y congresos. Nuestros representantes juegan otro rol distinto que les sobre eleva, hablan un lenguaje más sofisticado, y no encuentran esa cuña que sea de la misma madera.

tracking