El Correo de Burgos

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GAMONAL no es un campo de minas, ni un Paraíso terrenal. No es una trinchera, ni un balneario. No es una favela, ni un resort de lujo. No es un guetto, ni una eterna luna de miel...

O quizá sea muchas de esas cosas. Y todas a la vez en una realidad que se expresa en mil matices y otras tantas almas al viento con vocación de verso suelto.

Pero lo cierto es que se ve muchas veces estigmatizado por tópicos repetidos de forma incansable. Hasta la saciedad. O en los últimos días por reportajes reduccionistas que presentan el barrio poco menos que como una sucursal castellana del Bronx, con la delincuencia y la cárcel como destino ineludible a la vuelta de la esquina.

En su alma de cemento conviven historias trágicas, vidas cercenadas por la droga y la exclusión derivada de la pobreza y el desempleo. Y múltiples ejemplos de éxito y superación.

Pero no es una escuela de delincuencia, ni un camino a la perdición. Es un arma cargada de futuro.

Gamonal es un barrio-corazón. Que late con fuerza y vive deprisa. Al compás de sus sueños muchas veces imposibles. Pura vida.

Gamonal es utopía, inconformismo. Salta charcos. Y se mete en todos. Por vocación. Y por inanición.

Gamonal no es monolítico. Es multicultural. Es misa de 12. Y vermut torero. Gamonal es beato. Y crápula. Noctámbulo y dinamitero. Bohemio y delicuescente.

Gamonal es solidario. Es barrio de acogida. En su día refugio de un aluvión de obreros. Hoy Torre de Babel de lenguas, etnias y costumbres. Un crisol de luces y sombras que reclama, no siempre con orgullo, su identidad.

Gamonal es lucha. Se levanta en armas contra la invasión francesa o contra el cacique de turno.

Es un barrio-resiliente, que se reinventa cada día frente a los golpes de vida. Un púgil fajador que rezuma poesía en cada directo a la mandíbula en su combate frente a la marginalidad.

Todo eso. Y mucho más. Como todos. Como ninguno. Único.

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