El Correo de Burgos

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EN LAS últimas semanas se ha venido hablando mucho en nuestra ciudad, de la distribución de nuevos distritos para la representación de barrios, en base a la ley de grandes ciudades que bordean los doscientos mil habitantes. Suena bien que la nuestra pueda entrar en esa clasificación de gran ciudad, aunque nos falta mucho para demostrar que lo somos. Esperemos que los distritos sirvan para agrupar en lugar de partir en trozos. Hasta el momento, los esforzados barrios intentan escalar los peldaños que llevan hasta alcaldía, con más o menos fortuna, para hacerse escuchar en las exigencias y carencias más que manifiestas. Entra en juego el concepto difuso de voz de barrio, como media aritmética de las mil voces de los mil vecinos que de mil formas diferentes, manifiestan su opinión. Hacerse eco de ese epicentro que define la necesidad de una comunidad más o menos grande y corresponde a una parte de la ciudad, es tarea compleja y a veces desalentadora. A ver quien pone el cascabel al gato y es capaz de definir esa voz, cuando en realidad existen muchas voces en ocasiones, contrapuestas. Antaño, le correspondía al alcalde de barrio llamar a la puerta del alcalde mayor, y en el Ayuntamiento, negociar mirándose a los ojos. Pero esos alcaldes menores desaparecieron y en realidad retornaron al nombre de lo que fueron, presidentes de consejos de barrio y si me apuro, presidentes de peñas recreativas que adivinaban el pensamiento de sus vecinos. Estos últimos años me han servido para acercarme a representantes vecinales, a través de asociaciones, y de esa cercanía, escuchar los planteamientos sencillos y contundentes que la vecindad expone cuando ve que su entorno está olvidado o desatendido. Anida en ellos un sentimiento de impotencia y recelo hacia las Administraciones Públicas a las que cuesta mucho alcanzar, exponer, convencer y obtener resultados. Como agua de mayo vienen las inversiones sostenibles que nuestro ayuntamiento tiene en mente aprobar. Serán repartidas en calles y callejas dejadas de la mano de dios y en muchos casos me pregunto si serán equilibradas y prioritarias. El tiempo lo dirá. Se abre una etapa nueva y experimental en la que todos los grupos políticos de nuestro ayuntamiento han de coincidir en el reparto de inversiones que mejoren la ciudad. Un principio lógico diría que aquellas que estén consensuadas, tendrán mayor eficacia y servirán para sentar bases de trabajo. Las que entren en disputa y generen tensiones internas, mejor será dejarlas para otra ocasión.

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