El Correo de Burgos

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HABÍAMOS esperado con impaciencia las fiestas de San Pedro. Incluso, habíamos dejado algo de dinerillo para consumir en las casetas o para pasear alegremente con las peñas hacia los toros, cuando, como si de una actividad más se tratase, hemos visto que las fiestas nos han traído de regalo unas elecciones con todo lo que ello lleva consigo.

Lo de menos ha sido el resultado. Mariano ha ganado y sorprendido. Podemos no ha sorpassado al PSOE y se ha dado un batacazo y Ciudadanos no ha podido llegar a donde esperaba. El resultado ha dejado claro que todo ha quedado como estaba. Ahora debemos esperar que en los próximos días nos sorprendan con un buen arreglo a tres -ya sea PP, PSOE y Ciudadanos o Podemos, IU y PSOE- en su caso. Los estudios y cálculos los harán sus analistas.

Como siempre tras los resultados, los líderes han mantenido su discurso. No ha habido autocrítica y en el fondo todos han ganado. Pedro Sánchez ha alcanzado el summun. Su partido ha quedado otra vez como llave, pero perdiendo combustible y ahora lo único realmente conseguido ha sido batir su peor marca. Rivera ha dicho que el centro existe y viene a quedarse, pero ha culpado del resultado a la Ley electoral. Iglesias, dolido y visiblemente sorprendido con el resultado, ha dicho que es amargo que no se haya podido formar un gobierno con una mayoría de progreso. Lo esperado.

A partir de aquí queda plantear preguntas y respuestas ¿Será capaz Pedro Sánchez de sacar petróleo de esta nueva situación? Posiblemente sí. ¿Seguirá Ciudadanos pidiendo la salida de Rajoy? Seguramente no. ¿Será capaz Rajoy de conseguir un gobierno donde antes no se pudo? Espero que sí. ¿Aceptará Rajoy la propuesta de investidura que, con toda seguridad le propondrá el Rey? Pues volverá a depender de si dispone de los apoyos necesarios. Lo lógico. La única opción irrazonable es la de la convocatoria de unas terceras elecciones, por lo que no cabe, de nuevo, el planteamiento de repetir unas elecciones solo para sacar a Rajoy del poder. Ahora, afianzado en su posición obliga a esos partidos a buscar otras opciones.

Una tercera vez pondría en marcha, de nuevo, toda la maquinaria electoral y los millones de euros de gasto que ello ha supuesto. Efectivamente, el sistema democrático lo exigiría y la convocatoria llevaría consigo todo esa parafernalia, pero un nuevo gasto de doscientos millones de euros de gasto parece excesivo de por sí. No hace falta hacer muchos cálculos para ver hacia donde podrían haber ido esos euros.

Por su parte, los partidos, en su pantagruélico apetito volverían a sacar las carteras y repetir errores del pasado, manteniéndonos en una constante campaña electoral, con la particularidad de que perpetuaríamos a Mariano en la presidencia en funciones. Al final acabaríamos pidiendo al Rey un gobierno de concentración. Esperemos que no.

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