El Correo de Burgos

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HATRANSCURRIDO una semana desde que el ciudadano ejerciera su derecho a voto y, de nuevo, dictara el mandato de formar un gobierno. Después de siete días de análisis, de sonrisas y lágrimas por los resultados, de laxas autocríticas o de sacar pecho, llega el momento de cumplir con lo prometido en campaña. Cumplir por ejemplo en la necesidad de no llegar a unas terceras elecciones; cumplir en las ya tan manidas palabras que casi se han vaciado de contenido, ‘diálogo y acuerdos’.

Ahora toca rebobinar los vídeos de campaña y recordar aquello a lo que se han comprometido los partidos. Se me antoja difícil puzzle eso de aunar los compromisos de campaña con la realidad del gobierno, no tanto porque no se pueda, sino porque se olviden las palabras -ya sabemos que se las lleva el viento- y los compromisos.

Queda latente en mi retina uno de los compromisos en los que todos nuestros políticos han estado de acuerdo, quizá porque me afecta directamente. Todos los partidos abogaron por trabajar para llegar a un pacto de Educación, en el que no imperen las ideologías, que dure con independencia del color político que se siente en los bancos azules.

Y corre prisa, mucha prisa. La finalización del curso escolar en Burgos ha coincidido con el inicio de las fiestas de San Pedro y es posible que la premura haya quedado diluida entre Danzantes y Gigantillos, toros y verbenas, circo, barracas y tapas. Pero el inicio de curso está a la vuelta de la esquina. Apenas dos meses y medio y se da la circunstancia de que aquellos alumnos que comienzan 2º de Bachillerato no tienen nada claro si en julio de 2017 tendrán que hacer una reválida para tener su título o si el esfuerzo y sacrificio de todo un curso en busca de conocimientos y buenas notas les servirá para que sean llamados ‘bachilleres’. Desconocen también si, además de jugárselo a un examen y dar al traste con todo el trabajo de nueve meses o tener la fortuna de aprobarlo sin haber hincado codo en todo un año, tendrán que peregrinar por aquellas facultades a las que opten para someterse a exámenes de acceso.

Desconocen, ellos y sus familias, muchos de los libros que tendrán que comprar en este próximo curso ante la incertidumbre creada por esa ley tan contestada por toda la sociedad y que ahora parece quedarse en el limbo. O no, dependiendo de si se cumplen las promesas que aquí en Burgos se lanzaron: un cambio en la ley o su derogación en pos de un gran Pacto Educativo.

Estos compromisos urgen tanto como la conformación de un gobierno para poder empezar a trabajar y dilucidar de una vez por todas a qué se tendrán que enfrentar alumnos, institutos y universidad de Burgos y de toda España. Y en la misma línea el trabajo deberá seguir con los compromisos sociales, las pensiones, la sanidad, el empleo...

Sus señorías este año deberían quedarse sin vacaciones, como tantos otros españoles.

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