Ceda el paso
En mi barrio que es de los nuevos, de esos que se fabricaron sobre papel en los quince últimos años, ha dado tiempo a que los esquejes se hayan hecho árboles y en ellos se posen en la madrugada los mirlos y alguna alondra mañanera. Ese pequeño milagro hace que algún despertar a bocajarro, tenga música en la calle. Entrados en casi agosto y los San Fermines terminados, podemos hacer balance del año que llevamos. Quede claro que el pescado está vendido y lo que no esté realizado o en ciernes, es agua de borrajas y se quedará para noviembre. Los indicadores hablan de recuperación económica y hasta lo empezamos a creer. Vemos coches de última generación en la carretera y hoteles baratos abarrotados. Queremos salir de la prórroga en los siete años bíblicos de hambruna y será por eso que lo consigamos. Da igual lo que pase en este país con gobierno en funciones, y lo mismo será que se gobierne que se desgobierne, ha llegado el momento de salir de la oscuridad y mande quien mande, los españoles y más cerca, los burgaleses tiraremos “pa lante” y el que más chifle, capador. En Madrid quedan unos meses para que los presupuestos generales del Estado se vuelvan a aprobar, y será en ese momento cuando suenen los clarines. En Burgos, aún faltan diez meses para que el cuchillo de las cuentas se afile en arenisca de Juarros. El Consorcio del ferrocarril es el campo de batalla que ha desplazado otros ruidos de fondo. Por cierto, los desarreglos millonarios cuando son de todos no parece que sean de nadie y tengan responsable. En la empresa privada, cuando se mete la pata de esta manera, se apunta en un papel el nombre y apellidos del cabecilla y sus ayudantes, ya se sabe, cosas de Palacio. Que la resaca no nos haga olvidar la pena de un aeropuerto que se muere por falta de imaginación igual que el directo desde Aranda a Madrid, puerta necesaria para una ciudad de congresos que juega a contrapelo. Es como si una mano negra tensase la cuerda y diese o quitase. A veces uno piensa que pudiendo ser mucho más de lo que somos, formamos parte del ajedrez de unos pocos. El tiempo lo dirá y pondrá a cada uno donde se merezca. Políticos, empresarios, liberales, funcionarios y gente de a pié. Pero algo nos falta para dar el paso, un toque de moral o chulería castellana. Un clic de rebelión e inconformismo que nos saque a la calle. Un impulso de valentía. Un toque de locura. Está en nuestras manos el diseño de un Burgos nuevo que hoy por hoy está envejecido y lejos de circuitos contemporáneos. Si en algo queremos nuestra ciudad, hay que decirlo. Que los que estén, dejen paso a los jóvenes.