El Correo de Burgos

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Vísteme despacio, que tengo prisa. Así se hacen las cosas importantes cuando han de durar otro tanto de lo que ya ha sido. En nuestras manos está el presente y futuro de Atapuerca como una de las marcas de ciudad que mejor puede proyectarnos. Camino de Santiago e Industria son las otras dos que milagrosamente siguen con nosotros. Últimamente se habla mucho de la búsqueda del pasado tras cada campaña de verano, dirigida por Bermúdez, Arsuaga y Carbonell, codirectores de los entresijos. Suena cada vez más la herencia recibida y necesidad de sacarlo a la luz como un tam tam tribal del siglo XXI. Pero algo me dice que suena más aquí, dentro de las pequeñas fronteras burgalesas que en la aldea global donde se merece estar. La palabra ‘Atapuerca’ bien puede ser nuestro segundo nombre de pila que deje conocernos más allá de los pirineos. Sin embargo, queda mucho por hacer para entrar en los circuitos propagandísticos avalados por la rigurosa investigación que rodea la sima. Quizás algún día, de la misma forma que asociamos los iconos ‘torre Eiffel o estatua de la Libertad’ a Paris y Manhattan, Atapuerca sea la embajadora burgalesa por todo el planeta. A la velocidad que va todo, hace falta pararse a pensar de dónde venimos y el tiempo que ha llevado atravesar el cuello de botella. Lo tenemos aquí al lado y es uno de los pocos lugares de la bola azul donde puede sacársele un extraordinario partido, gracias a la densidad de información. Pero Atapuerca es de todos y de nadie a la vez.

Un Museo de la Evolución Humana que viaja en paralelo al Cenieh, pero a una velocidad mucho más lenta de la necesaria. Un proyecto que arrancó en vísperas de tiempos difíciles. Vender el mensaje del pasado es duro en momentos donde devoramos cada minuto presente y la preocupación del día a día nos hace olvidar lo que sucedió ayer mismo. Por eso hace falta un nuevo organigrama que proyecte con fuerza y más lejos el secreto de los huesos amontonados entre capas de arcilla. Burgos tiene una joven Universidad que puede ser la casa donde la investigación se multiplique, el conocimiento universitario hace tiempo que dejó de tener ataduras, a excepción de las presupuestarias. La UBU, nuestra joven universidad, tiene la oportunidad de tirar la casa por la ventana y apostar por una investigación de Burgos, desde Burgos y para Burgos, sin protagonismos. Llamando a la puerta de las instituciones y universidades internacionales en un diálogo abierto del que se nutran los jóvenes investigadores y se atrapen líneas de financiación rentables. El pasado llama con hambre a nuestra puerta.

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