El Correo de Burgos

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UN ESTUDIO científico ha devuelto a la actualidad las fosas comunes de La Pedraja. Hace seis años la primera fosa que se abría daba a conocer la existencia de 104 cadáveres de personas que fueron asesinadas en el año 1936 por el bando nacional. Los hallazgos permitió descubrir 46 órganos -un corazón y 45 cerebros- que se habían mantenido casi intactos por acción del terreno en donde sus ejecutores los ‘echaron’ tras terminar con su vida con la fuerza de las balas.

Seis años después, una revista inglesa se ha hecho eco de las conclusiones de los estudios que sobre estos órganos humanos los expertos han venido realizando desde su descubrimiento.

Más allá de lo sorprendente que pueda resultar el hecho de que órganos muy susceptibles a la putrefacción se hayan preservado durante ocho décadas esperando a ser descubiertos, estas conclusiones confirman científicamente las atrocidades que entonces se cometieron.

No voy a juzgar aquí si el otro bando también cometió barbaridades. Nadie, o por lo menos yo, voy a exculpar barbarie de unos u otros. Estos cerebros conservados nos cuentan, como a los antropólogos los fósiles de Atapuerca les cuentan la evolución de nuestra especie, que hubo torturas y maltrato previos a la muerte. Que aquellas personas murieron con algo más que una bala entre sus carnes. Perdieron la vida con el miedo, el dolor y el sufrimiento agarrado en sus entrañas, muchos de ellos sin saber a ciencia cierta porqué les habían detenido y les habían hecho el tan lamentable famoso ‘paseíllo’.

La ciencia y los avances tecnológicos nos cuentan que aquellas masacres existieron y que hoy muchas familias siguen llorando a sus muertos en tumbas fantasmas porque no saben dónde dejar esas flores ya marchitas a fuerza de buscar la tumba para colocarlas y no encontrarla.

La ciencia nos cuenta que no podemos obviar que hubo un linchamiento cargado de furia y odio que partió España en dos y es hora de enterrar el rencor pero no de olvidar porque aquello que ocurrió en el 36 y en los años sucesivos fue real y está escrito a sangre y balas.

Es hora de apoyar las exhumaciones con recursos económicos y materiales para que se pueda cerrar un capítulo de nuestra historia más negra e intentar continuar hacia adelante. Es hora de recordar, porque los pueblos que olvidan, niegan y rehuyen de su pasado están condenados a repetirlo.

Es hora pues, de impulsar la Memoria Histórica de nuestro pueblo, no sólo una ley, también en nuestras almas y corazones y reconocer que aquello existió como lo reconoce la ciencia. Es Historia. Y aunque lamentable, es nuestra Historia.

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