Casi mayoría de edad
En apenas unos días la persona más importante de mi vida contará con los mismos años que esta publicación tiene a sus espaldas. Ambos nacieron a caballo entre los siglos XX y XXI. De hecho, este diario se asomaba a los quioscos de Burgos con el apellido del siglo que empezaba a hacerse un hueco porque la sociedad se preparaba para un futuro que, 17 años después, no parece tan halagüeño como entonces parecía atisbar.
Vidas distintas y al mismo tiempo paralelas en las que han luchado por hacerse un hueco en el tiempo que les ha tocado vivir. Cada año era un peldaño escalado, una meta conseguida; una batalla ganada; un desaliento superado o una alegría consumada. Todo por seguir creciendo, por seguir en la brecha y consolidarse, uno en el espacio de la información, la otra en el abismo de la vida.
Un año les queda para alcanzar su mayoría de edad que ya casi rozan con los dedos, aunque si me lo permiten, y en mi humilde opinión, han superado con creces esa madurez que se presupone con esa ansiada mayoría.
Recuerdo que en el año 99 de aquél moribundo siglo XX quien les habla enfrentaba con infinita ilusión una nueva etapa en la vida con dos retoños que querían crecer. El que salió primero adelante, este diario, lo hacía con un equipo humano que ha visto aparecer sus canas casi sin darse cuenta entre las miles de páginas escritas y la ilusión por servir la mejor información a la sociedad.
El otro retoño, el más importante, el que mantiene mi existencia, fue dando pasos seguros en la vida, a veces cayendo, pero siempre levantándose, y hoy es esa persona que eleva el orgullo materno hasta el infinito. Trabajadora incansable, con ideas claras y certeras pese a lo que yo aún considero corta edad y con un futuro que se abre de par en par y en el que está dispuesta a entrar pese a las zancadillas que la vida y los gobiernos le ponen, en su formación o en su futuro laboral, habida cuenta de los mimbres que se plantean para que aún los adultos sigamos trabajando más allá de la edad dorada de la jubilación.
Su generación no lo tiene fácil, pero ella afronta cada etapa con la serenidad que ya quisieran para sí muchos adultos. Aún desconoce cómo le afectará una ley educativa contra la que ha luchado con uñas y dientes. Tampoco sabe si en sus siguientes etapas podrá acceder a un trabajo que le permita cotizar o si tendrá una jubilación. Ni siquiera se plantea cómo será su vida cuando alcance la madurez de los 50. Yo se lo auguro brillante, porque ella lo es y aunque lo consideren ustedes amor de madre, que también, esa personita de 17 años es ya una mujer que llena mi existencia. Le queda un año, pero ya alcanzó la mayoría de edad. Igual que estas páginas.
Si me lo permiten, ¡muchas felicidades, hija!