El Correo de Burgos

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CUANDO se gobierna en minoría pueden pasar muchas cosas y entre ellas, que el relevo aparezca escondido tras el fantasma de la moción de censura. Seguro que más de una vez habrán soñado los alcaldes con esta pesadilla. Burgos puede salir pronto a la palestra nacional con un apellido rabiosamente picante. Que te quiten del medio con un mecanismo perfectamente reglamentario, cuando ya pensabas que todo podía seguir trascurriendo con una razonable serenidad hasta verlas pasar y llegar tiempos mejores que pusieran a cada uno en su sitio. En los mentideros por los que ando, se dice que no llegará la sangre al río, que la andanada está calibrada para poner los pelos del alcalde, como escarpias y recordarle quien manda o quien no manda, mejor dicho. En esto, no olvidar el paralelismo que dibuja el pantógrafo en lo pequeño y grande. Si la moción es posible en silla pequeña, también puede serlo en silla grande. Burgos ha sido desde tiempo atrás, referente político y bastión de la derecha heredada. De los sitios en los que suenan los requiebros de reconquista. Si mañana aquí se diese el caso de la incipiente moción de censura, toda España se haría eco y resonaría como un temblor que pudiera contagiarse al resto. Y sobre todo, al recién estrenado gobierno en el que Rajoy anda en la cuerda floja. Los mismos partidos que están aquí lo están allí y de socios de gobiernos pueden pasar a verdugos en la erótica del poder. Lo cierto, el presupuesto anterior se ha gastado sin broncas y el que ahora está pendiente para 2017 con los apuntes e ideas del PSOE burgalés, a punto de caramelo, no es motivo de discusión, ni parece que alguna otra discusión municipal haya calentado la hoguera. El agujero de los consorcios está casi sellado con el sarcófago de la deuda. Rodando como rodaba todo, por qué razón aparece ahora y cuando nadie se lo esperaba, este órdago a la grande. Media docena de los actuales concejales del PP se reparten tareas de los catorce que otorgaba la mayoría absoluta. No olvidar que esto provoca desgaste, estrés y vértigo ante la responsabilidad de acertar en el mandato asumiendo una gran parte de las directrices de quienes no gobiernan o mejor dicho, gobiernan desde la oposición. A la pregunta de, quien manda hoy en Burgos, algunos responden que el alcalde en minoría. Otros dirán que manda quien obliga al alcalde a pasar por el aro y en esto, vístase como se quiera, con tintes de negociación o consenso. Cada vez más, me pregunto, quien manda.

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