El fantasma de los 40
TE ACECHAN los 40, ya no se encuentran agazapados, tirados al sol esperando que una nueva pringada se acerque, saboreando su venganza. Ahora están a la vuelta de la esquina, ávidos por hincar el diente a una nueva víctima, por arrebatarla de los brazos de Peter Pan y arrojarla a la hoguera de la madurez hasta que sus huesos queden hechos cenizas. Un año tienes para preparar tu defensa. El destino no está de tu lado. De repente, todo a tu alrededor se confabula para recordarte que vas de culo y cuesta abajo. Que una vez cumplidos los treinta y… ¡Esto no hay quien lo pare! Nunca pasas por esa cancha de baloncesto para ir a casa, pero ese día lo haces y te encuentras dibujado con tiza un limbo -rayuela lo llaman en otros sitios- en el que tantas tardes jugaste a la pata coja después de comerte el bocadillo de chorizo y ver Espinete; sales un jueves pronto de trabajar -milagro- y te da por acercarte al Aula de Cine, que pone María y los demás, y sientes que, salvando muchas, muchas distancias, estás ante un espejo, una treintañera que vive cómoda en su rutina, una zona de confort en la que es feliz sin alharacas, pero que también se muere por cambiar; abres la revista dominical y ante ti aparece un reportaje muy interesante sobre los modelos educativos en las escuelas unitarias rurales, una como la tuya, en la que ya apenas reparas cuando ahora te tomas el vermú donde antaño aprendiste a escribir; vas a cenar un bocadillo en uno de los pocos bares en Burgos que aguantan con la cocina encendida para los que no tienen horario de oficina y ves estupefacta que aquel profesor de Música, Plástica e Historia de EGB te arrebata la última mesa libre… La urdimbre del complot es ardua. Y cuando crees que tendrás que sucumbir, aunque parece de coña, la vecina de arriba sube el volumen de la radio y como si no hubiera mañana canta: Buscando en el baúl de los recuerdos, u u u, cualquier tiempo pasado nos parece mejor. Echar la vista atrás es bueno a veces, u u u, mirar hacia adelante es vivir sin temor... Parece que no está todo perdido.