Y vuelta a empezar
Un balance es un balance, que diría Mariano, el de la sabiduría infinita y el verbo grácil. Y en esta ciudad acabamos de comernos unos cuantos en las últimas semanas. Los grupos políticos municipales hacían repaso de los dos primeros años de los cuatro que durará el actual mandato. Y, como era de esperar, todos lo han hecho fetén y el resto, fatal. Así andamos. La autocrítica nunca ha asomado siquiera en la política y comprobarlo, día a día, consume la paciencia del más pintado. Así anda la que firma, con la suya agotadita. Todos se presentan como los mejores. Es normal que crean en sí mismos y en su buen obrar, solo faltaba que la pifien a sabiendas, pero oye que un poco de 'caña' en primera persona mejora cualquier balance, y da señas de sensatez. ¿Nada se ha hecho mal en este tiempo? ¿Nada podría haberse gestionado de otra forma? Aquí solo yerra el de enfrente, por decir que sí, que no, que regular, que depende... Y quien habla siempre acierta, qué cosas: cumple, demuestra, resuelve. Porque él o ella lo dicen, sin más, y los forofos de su órbita aplauden. ¿De qué sirven pues estos balances? De alimento del ego, de propaganda, de defensa... De nada. Calmarán las ganas de golpearse el pecho de los que los realizan, dormirán tranquilos, tendrán el ansiado titular y poco más. Quizá es lo que buscan, quizá a nuestros ilustres representantes les interese más salir en la foto que meter mano a los problemas de sus conciudadanos, quizá todo sea un juego de largo recorrido en el que gana el que sume más papeletas cada cuatro años. Y vuelta a empezar. O quizá no, puede que esté exagerando y el calor me encienda. En ese caso dispénsenme los aludidos y absténganse de trasladarme las pruebas de que no son como digo que quizá sean. Eso sí, para la próxima, se ahorran el listado de buenas obras. Despachen la tradicional rueda de prensa con un sonoro somos los mejores y los demás, malos. No hacen falta minutos de intervención -ni de debate en el Congreso- para acabar en el mismo punto de partida. Un balance es un balance y lo suyo, autocomplacencia.