El Correo de Burgos

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Agosto es el mejor mes, para que te la den con queso. A excepción de pleitos y docencia, que duermen hasta septiembre, todo lo demás sigue en mayor o menor medida. Cualquier oficina funciona a medio gas y el teléfono no suena. Lo peor que te puede pasar es que, en estas fechas saquen un concurso en el que haya que presentar documentación y contenidos con trabajo. Esto es así, porque las publicaciones en los Boletines Oficiales, no se suspenden y en ellas salen las bases, pliegos y fechas. Es decir, que si las Administraciones Públicas, Ayuntamiento, Junta o Diputación, sacan algún concurso en verano, la probabilidad de que uno se entere, es bastante remota. Será casualidad, la noticia nos coge con las barrigas tostadas al sol y pantalones cortos. Garoña se cierra para siempre, con cierta nocturnidad y alevosía. No pilla de sorpresa, cierto es, ya imaginábamos cara o cruz. Sin entrar en la discusión de la fuerza del átomo y el riesgo evidente, nunca debió de haberse permitido el cierre preventivo de esta anciana. Tener una central como la de Burgos pudo darnos mucho más que quitarnos. Cierto es, nadie quiere una bomba atómica bajo su colchón y el valle de Tobalina está a tiro de piedra. Todos huyen de abrir una central en su tierra y nosotros ya la teníamos, casi sin saber de ella. El Gobierno del feo Rajoy se baja los pantalones y paga deudas políticas con algo tan nuestro y que tantos celebran su desaparición. Se cierra la mayor oportunidad que tuvimos de pedir lo que nunca nadie se ha atrevido. No tiene sentido, soportar el riesgo de una central nuclear en la provincia, para que la energía producida se enganche a la red y vuele libremente por toda España. En un espacio de libre comercio, es imaginable comprar y vender energía a cambio del suelo donde se autoriza la implantación. Yo te dejo que pongas una central en mis territorios y tú me das a cambio, energía más barata que al resto de los españoles que duermen sin miedo. Sobre la vieja Garoña, debió haberse programado la construcción de la mayor y mejor central europea, donde seguro, no se iniciaría un debate de implantación desde cero. Para esto están los políticos y empresarios de alto copete. Ofrecer planteamientos recíprocos imaginativos y presionar hasta lo imposible para mirar por lo tuyo. Hemos perdido la magia de un pacto energético que beneficiase a Burgos. Haber conseguido electricidad casi gratis para nuestra industria y hogares, a cambio de la mayor apuesta. Garoña II

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