El Correo de Burgos

Creado:

Actualizado:

En:

Como para este humilde columnista, muchos arrancáis la semana y último cuatrimestre del 17. Que nos esperen tareas nuestras es lo más normal, pero por desgracia tendremos que tragar las que otros no han terminado y ser convidados de piedra ante exámenes y palabras mayores. En Moncloa se librarán ensayos y roles que nos tocará digerir como sables. Sorteemos el tobogán de bajada a diciembre con la fiesta de todos los santos y poco más. Algún fin de semana entre amigos y escaqueo del trabajo si nos deja el día a día. Estas letras son muy chicas sobrevolando el océano a ocho mil metros de altura en el Boeing con 90 Decibelios de ruido de fondo, pero abrigan una gran emoción de volver a encontrarme con los que siempre están cerca de mí en compañía y en el tajo. Hoy a los ocho de la mañana me llama el café caliente que junto a una pequeña tostada y mini zumo me esperan en la mesa de los Braseros en Calle Luis Cernuda. Quince minutos mágicos para anotar en la servilleta de papel, media docena de tareas que nunca consigo terminar. Una vuelta por las obras que poco a poco crecen y cubren de nueva piel edificios viejos en barrios y barriadas de Burgos. La oficina tendrá a las 10h de la mañana, olor a café caliente en vaso de plástico que puntualmente trae Judit, mi paciente secretaria. Recortes de prensa atrasados a escanear. El teléfono al rojo vivo después de una quincena merecida. El mundo no se para porque faltemos, somos totalmente sustituibles y hasta quien menos crees, puede hacerlo mejor. Al loro. La cuestión está en ilusionar a los que colaboran con nosotros, que el mandar no duela. Esto es de manual, lo reconozco, otra cosa es que se consiga. Cada agosto, escondo en la maleta, papeles que intento traer ordenados a la vuelta, pero como fueron, vinieron un verano más. Cuatro de septiembre, cumpleaños de quienes tienen el signo de Virgo en su destino. Será en la cena, que soplemos velas en la tarta de mi esposa y socia. Mañana martes, viaje a Salamanca con libros en el maletero que mi hija Marina, devora en la facultad de medicina y que Lara, hermana mayor, subrayó con fosforitos en Valdecilla. Sur hermanos, Diego y Ricardo, sueñan en Pamplona, con ser arquitectos como el padre. Ya se verá. Esta semana se pasará rápido incluso para quienes no jugamos al mus. Cada cual tiene su ritmo inalterable y no se debe luchar contra el destino. Nos aguarda una ilusión o una decepción en cada callejón. Lo más que podemos, alejarnos de gafes y cenizos, que todo se pega, como el sarampión.

tracking