El Correo de Burgos

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CUALQUIER aficionado burgalés que haya tenido la oportunidad de asistir a algún encuentro en El Plantío en los últimos años convendrá en la necesidad de llevar a cabo una remodelación del vetusto estadio de la capital -con más de 50 años de vida a sus espaldas y un evidente estado de deterioro-. O en su defecto en la construcción de uno nuevo a la altura de una ciudad pujante y con sueños de grandeza deportiva.

Pero la desmedida vanidad del equipo de Gobierno, más preocupado en pasar a una ansiada posteridad con la realización de obras rimbombantes y llenas de oropel, ha llevado a plantear una actuación cuando menos cuestionable (cuando no directamente criticable).

La falta de ideas (y probablemente la obligación de saldar deudas pendientes) guía una y otra vez la elección de los «grandes» proyectos de Lacalle. Como ya ocurriera con el Coliseum -una instalación que pese a su pretendido carácter de multiusos carecía hasta anteayer de vestuarios para albergar espectáculos deportivos y con una nefasta acústica que impide la celebración de conciertos de gran formato-, la «reforma integral» de El Plantío nace cargada de vicios no siempre confesables.

En primer lugar las obras suponen un desembolso para las arcas de la ciudad más que notable, superior a los 5 millones de euros (1 más del previsto en el proyecto básico) y la intervención en la mejora de una grada, la de Lateral, que es la menos utilizada de las cuatro que componen el recinto deportivo. Dejando el graderío más utilizado, la Tribuna, ajeno a cualquier mejora reseñable.

En segundo lugar se establece un plazo de tan solo 13 días para la presentación de plicas al concurso (ridículo para una obra que representa una de las mayores inversiones de todo el mandato municipal). Aunque quizás se antoje demasiado largo si como ocurre demasiadas veces en esta ciudad el adjudicatario es elegido por obra y gracia del espíritu santo, señalado con antelación por sus subalternos terrenales.

No queda ahí el elenco de despropósitos. El proyecto de ejecución de la reforma de El Plantío establece que los asientos de la nueva grada de Lateral serán verdes. Una decisión perfectamente lógica, pues cualquier burgalés de pro sabe que este es el color del primer equipo de Burgos. Y el de la bandera de la ciudad. O el del resto de butacas del estadio (que no se cambiarán). Suma y sigue.

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