El Correo de Burgos

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QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Con la mirada puesta en la familia como célula básica y primordial de la vida social y eclesial, y consciente de la imperiosa necesidad de cuidarla, protegerla e impulsarla, he propuesto en nuestra archidiócesis la institución de la Pascua de la familia que se celebrará cada quinto domingo de Pascua.

En nuestra Iglesia burgalesa deseamos impulsar la pastoral familiar en todas y cada una de sus dimensiones y, para ello, la delegación para la pastoral familiar ha elaborado un plan que desarrollaremos durante los próximos tres cursos pastorales. Un proyecto con el deseo de poner la mirada en la realidad actual de la familia para reconocer sus actuales esperanzas y desafíos, interpretar su realidad actual a la luz del plan de Dios sobre la familia y elegir las acciones que secunden y lleven a cabo lo que Dios quiere para todas y cada una de las familias que conforman nuestra Iglesia diocesana.

Ahora que el matrimonio y la familia atraviesan incomprensiones, fragilidades y tribulaciones de diverso signo, qué importante es estar atentos y disponibles para dar respuesta a quienes necesitan luz, orientación, protección y apoyo. Así, siendo conscientes de que los ámbitos sociocultural y pastoral anhelan una llamada a extender la propuesta cristiana del matrimonio y familia como respuesta profunda a los interrogantes más profundos de la persona y de la sociedad, desde nuestra Iglesia que peregrina en Burgos deseamos que la familia sea el núcleo y nudo gordiano que armoniza e integra los demás ámbitos pastorales: caridad, vocaciones, trabajo, infancia, juventud, educación, personas mayores…

Si la pastoral familiar es el núcleo donde convergen los diversos ámbitos pastorales, esta propuesta de Iglesia como familia de familias vislumbra en la Sagrada Familia de Nazaret el punto de partida de la tarea evangelizadora.

A la luz de esta mirada que desea reconocer, revelamos la necesidad de descubrir los caminos para que cada familia viva su propia vocación según el plan de Dios. Vivir hoy la fuerza del amor del sacramento del Matrimonio es hacer frente a ideologías de diverso signo que lo deforman y someten. Asimismo, la fidelidad matrimonial requiere de cuidado y acompañamiento para vivir con alegría y esperanza este precioso don.

Las familias cristianas buscan en la parroquia un hogar que las acoja, y solo si vivimos con el corazón dispuesto a servirlas, seremos el vivo reflejo del Señor. Esto requiere una escucha activa que atienda las demandas y necesidades que acechan el corazón de muchas familias con dificultades; pero, si nos fiamos de la Palabra, volveremos a ser testigos de que «no hay nada imposible para Dios» (Lc 1, 37).

En la familia se refleja la «imagen y semejanza» de la Santísima Trinidad, misterio de comunión del que brota todo amor verdadero (cf. Amoris laetitia, 71). Una realidad actual que es preciso interpretar a la luz de la Palabra de Dios para llegar a comprenderla en profundidad. Si la familia es el santuario de la vida y el lugar donde es engendrada y cuidada, debemos proteger y cuidad siempre tanto a la madre como al niño que se gesta en su seno como un don precioso que se concede a la humanidad. Una llamada, entre tantas otras, a vivir el amor conyugal y a ser signo del amor de Cristo y la Iglesia (cf. AL, 72) que impulsa la misión evangelizadora de la familia, testimoniando la misericordia de Dios.

Esta pastoral exige de una formación específica de sacerdotes, diáconos, miembros de la vida consagrada y laicos, especialmente familias, capaces de configurar la comunidad parroquial como una familia de familias. La pastoral familiar establece una alianza de toda la comunidad eclesial con las familias, con una intención clara: convertir a cada familia en realidad evangelizadora, apoyando y acompañando su vocación y misión.

El plan presentado por la delegación de pastoral familiar ha elegido un abanico de propuestas pastorales que comprenden, entre otras, la educación afectiva, el acompañamiento en el noviazgo y en la vida matrimonial y familiar, la formación de agentes pastorales en este campo, el cuidado de la fragilidad, la promoción de esta pastoral en comunidades parroquiales, instituciones educativas y movimientos eclesiales, la presencia de iniciativas familiares en el ámbito público, y la defensa de la vida dese su concepción hasta la muerte natural.

Pedimos a la Virgen María que cuide de nuestras familias y nos haga eternamente suyos; para que nunca dejemos de mirar con los ojos de la Sagrada Familia de Nazaret.

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

  • Mario Iceta Gavicagogeascoa es Arzobispo de Burgos.
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