Despites de minotauro
Cerralbo mítico

La novela 'Cuando el mundo se llamaba Cerralbo' está publicada por el sello cántabro Valnera.
Hace unos días la Real Academia de la Lengua concedía el XXII Premio a la Creación Literaria. Quizá no hayan oído hablar de este galardón y tampoco de la obra premiada. 'Cuando el mundo se llamaba Cerralbo', del escritor salmantino Ramón García Mateos, se alzaba con este premio bianual «por su maestría al recrear un mundo rural ya desaparecido, a través de los testimonios orales y por la recuperación del lenguaje», según indicó el jurado.
Además del enorme tesoro literario que custodian sus páginas, la concesión de este premio tiene un valor añadido: la novela está publicada en una pequeña editorial cántabra, Ediciones Valnera, que gobiernan desde Villanueva de Villaescusa Jesús Herrán Ceballos, Ángeles de la Gala y el fabuloso dibujante José Ramón Sánchez.
En España hay una cantidad casi inabarcable de editoriales pequeñas, modestas, en muchas ocasiones casi familiares. Colocar sus libros en las mesas, anaqueles o escaparates de las librerías es casi un imposible. El poder y la cantidad de títulos que generan los dos grandes grupos editoriales españoles -Planeta y Penguin Random House, con su ingente cantidad de respectivas marcas- hace que las pequeñas editoriales apenas tengan sitio. El lugar que dejan los dos emporios enseguida es ocupado por otros sellos más chicos, pero con una fuerte implantación nacional. Para las que se mueven en un ámbito más reducido, y que a veces llegan poco más allá de su comunidad, es la eterna lucha de unos pocos davides contra muchos goliats.
La primera vez que oí hablar de 'Cuando el mundo se llamaba Cerralbo' fue en la I Feria Editantes, que se celebró en el Palacio de la Isla de Burgos en mayo de 2024, organizada por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua. El editor de Valnera, el citado Jesús Herrán -un hombre de fino olfato literario y valiente actitud, que hacina en su nómina de autores a nombres como Mario Camus, Peridis, Emilio Pascual, Ignacio Sanz, Joaquín Leguina, José Ignacio García o a los burgaleses Jesús Carazo y José Antonio Abella, entre otros- me enseñó en la pantalla de su teléfono móvil el párrafo de una obra que iba a publicar tras el verano. Segundos más tarde dio lectura a esas líneas con mucha emoción. «¡Esto es la leche!», aseveró en una expresión muy suya.
Y era verdad, era la leche. Ramón García Mateos (Salamanca, 1960), poeta y profesor afincado en la localidad tarraconense de Cambrils, especialista en la obra de José Agustín Goytisolo, había escrito una novela importante sobre la memoria de un tiempo y un país, la larga posguerra y España, vistos desde la mirada de cuatro muchachos aún en pantalón corto que sienten «el temblor de lo cotidiano transformado en asombro ante nuestros ojos deselladores del mundo... Cerralbo existe, y en Cerralbo nada era imposible: lo maravilloso se hacía cotidiano y convivía, sin aspaviento alguno, con las aristas del trabajo y la pobreza».
Cerralbo también existe en el mapa. Es un pueblo de unos cien habitantes del oeste de la provincia de Salamanca, dentro del partido judicial de Vitigudino. España vacía de la auténtica. Pero ahora también vive en la literatura como el Macondo particular de Ramón García Mateos, como el territorio mítico y universal que todos, de una forma u otra, fabricamos en nuestra infancia.
Que la Real Academia Española haya premiado a una novela de la que apenas se han vendido unos pocos cientos de ejemplares -espero que a raíz de este galardón sean muchísimos cientos más- dice mucho del criterio y la limpieza del premio por parte de la RAE. En estos tiempos de galardones mediáticos, millonarios y muchas veces inanes, literariamente hablando, hay que felicitarse por acontecimientos como este. Enhorabuena al autor y a los editores.