El Correo de Burgos

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HAN COINCIDIDO en este tórrido verano dos eventos que son propicios a transformarse en el terreno de juego para polémicas simplonas. Polémicas para tontos podría decirse, pero seamos cautos y para que nadie se enfade hablemos de controversias en su grado más elemental. Hablo, lo habrán adivinado sobre todo los burgaleses de las fiestas de San Pedro y del Mundial de fútbol. Este último, teatro de controversias mucho más racionales. Ni soy futbolero ni entiendo casi nada del deporte rey más allá de que a estas alturas hay que apoyar a España y disfrutar de la emoción de un campeonato del mundo. Habrá algún modorro o modorra, más allá de los nacionalistas, independentistas y sus socios y lacayos, que esté deseando que la selección española salga derrotada, pero serán una anomalía estadística. Cuatro personas sin alma ni corazón, incapaces de sintonizar con las vibraciones de un todo un país congregado en torno a nuestro equipo nacional en uno de los pocos rituales que aún nos unen. Un antídoto contra la división, la desigualdad y la manipulación cainita que cada día rezuma de las terminales de la destrucción social imperante. Acabarán por quitarnos a la selección española, esa que ya han empezado a denominarla como ‘la roja’ para despersonalizarla y desvincularla del concepto «discutido y discutible» de la nación española, como acuñó ZP, hoy enfilado por la justicia. 

En Burgos somos mucho de la selección española y se demuestra cada dos años cuando nos coinciden el Mundial o la Eurocopa con nuestras fiestas mayores, así que la polémica simplona, la de la barra de bar, la que va a las tripas y no a las entendederas se enfila a la crítica de las fiestas. Tampoco soy de vivir a fondo los festejos mayores de la ciudad, como tampoco lo son los centenares de burgaleses que aprovechan esos días festivos para poner tierra por medio. Pocas cosas más burgalesas que escapar de la ciudad en fiestas. Quien marchó aquellos días dejó atrás la polémica , inflada como un globo de los feriantes por políticos y políticas de hinchados carrillos dispuestos a soplar hasta que se les salga un pulmón. La incompetencia, les han dicho en sus partidos, se lava haciendo parecer aún más torpe al de enfrente y algunos se empeñen en batir récords de torpeza. La fábrica de la manipulación no descansa ni en verano para regocijo de los encontradores profesionales de escándalos que elevan a crónica de tribunales los chascarrillos del tren de la bruja. Qué miedo. Terror más bien de ir a los tribunales, que es donde se ponen las denuncias, cualquier otra cosa son patadas en las espinillas como las de Francia. Hagan una pausa, hidrátense, y disfruten con la selección y después, bajen al bar a hablar de fútbol, que polemizar de política a las puertas de la final del Campeonato del Mundo es de siesos.

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