FUERZAS ARMADAS
Castigados en el patio, ¡ar!
Un coronel obliga a soldados que saludan o visten mal a practicar media hora diaria y a recitar un ‘decálogo de ciudadanía’. El mando niega que sea un castigo

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R. B./ J. F. C. / Madrid / BurgosUn mando del Ejército de Tierra ha decidido, como forma de mejorar la «marcialidad» de sus soldados, instaurar algunas novedades en el funcionamiento de su unidad. Entre ellas, la formación de un «pelotón de instrucción», al que se envía a los militares que hayan cometido alguna falta por deficiencias en el cumplimiento del reglamento de orden cerrado –saludo, uniforme, aspecto físico, etc.–, y la popularización del llamado Decálogo del Militar. Modelo de Ciudadanía, una serie de principios que deben memorizar todos los miembros de la unidad que dirige.El protagonista es el coronel Manuel Salvador Herráiz y la unidad que dirige, el Regimiento de Transmisiones número 1, con sede en la base militar Cid Campeador, en Castrillo del Val, la misma en la que funciona desde hace tres meses este innovador sistema para que los soldados no olviden cuestiones tan castrenses como el correcto corte de pelo o la posición de las patillas.El propio coronel Herraiz subraya que se trata de «un refuerzo de la instrucción». Este mando explica que en la actividad de orden cerrado que se lleva a cabo cada viernes se pasa revista y, al personal que tenga deficiencias, «se le hace un refuerzo de media hora durante una semana para reforzar esos aspectos». Al final de la semana, si se comprueba que está perfectamente uniformado, si lleva el pelo corto, si se sabe presentar y saludar y si conoce la cadena de mando, «se le cesa en el pelotón de instrucción»Según han informado otras fuentes militares y confirma el propio coronel Salvador Herraiz, el ‘pelotón de instrucción’ se creaba dentro de una serie de medidas para que las tropas a su mando tengan «una inmejorable marcialidad en todos los actos en los que participen». Sin embargo, fuentes consultadas por este periódico en la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) aseguran que, en realidad, se trata de «un pelotón de castigo», creado para sancionar faltas que en otras unidadesse corrigen de «una manera menos estricta e incluso se pasan por alto».«Se inventa un decálogo, un pelotón, una instrucción especial», subrayan desde la AUME. Y ofrecen otro dato que, en su opinión, demuestra que su aplicación es selectiva e irregular: las inspecciones sólo las hacen a los miembros de ese pelotón que ha formado «y no con los mandos, por ejemplo». Y añaden: «Los soldados ya tienen su código deontológico en las Reales Ordenanzas».El coronel Salvador Herraiz lo desmiente. Las actividades de orden cerrado las realiza todo el Regimiento «y está destinado a todo el personal en el cual se observen deficiencias en las revistas que se pasan semanalmente». Niega que haya un personal específico al que se dirija, sino al que lo necesite. «Para que se vea, sobre todo, que me importa el aspecto de la presentación, de la uniformidad, en definitiva lo que está en el reglamento de orden cerrado», asegura.El pelotón forma en estado de revista a las 9.30 horas, apenas 20 minutos después de que finalice la hora diaria de gimnasia. Eso supone que los afectados tienen muy poco tiempo para ducharse y arreglarse, en comparación con el resto de sus compañeros, que forman a las 10.00 horas, según ha podido saber este periódico. En esa media hora, los soldados tienen que presentarse una y otra vez a la autoridad, ensayar el saludo castrense, repetir los nombres de la cadena de mando y cosas por el estilo.También responde a esto el mando militar. Afirma que ha marcado media hora diaria de refuerzo de la instrucción durante una semana. El apoyo se basa aquí en el criterio de los jefes de compañía. «Hay hora y media de gimnasia diaria, un tiempo bastante considerable para realizar actividades de gimnasia y poder ducharse», asevera. Salvador informa de que ha consultado con el jefe de Batallón por si hubiera algún tipo de merma en el tiempo del que dispone la tropa «y me ha dicho que no la ha detectado», aunque se compromete a «mirarlo más de cerca».El decálogoLos soldados también tienen que recitar el citado decálogo. Éste tiene un espíritu general –«no al alcohol, no a las drogas, no a la violencia de género y no a la desobediencia a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado [FCSE]»– y diez artículos, que dicen así: «Ejemplo para la sociedad; justo con las FCSE; ejercicio, vida saludable; respeto a la Constitución; correcto con la población; imagen de las Fuerzas Armadas; tolerante hacia los demás; obediente con las normas sociales; seguro en la comunicación, e igualdad entre hombres y mujeres». La cosa es ingeniosa y las primeras letras de cada artículo –señaladas en negrita– forman el lema Ejército sí.El decálogo, señala, es una serie de diez puntos que la Fuerza Terrestre ha establecido dentro de una campaña para fomentar en el soldado el concepto de ciudadano. Se basa en dos pilares, un decálogo, que son diez puntos donde se dice cuáles son las referencias que hay que tener para ser buen ciudadano, como el respeto a la Constitución, a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, el ejercicio y vida saludable. «Yo he ordenado que lo conozca todo el Regimiento, incluido yo. También la imagen de las Fuerzas Armadas», asegura. Luego hay cuatro ‘noes’, no a la violencia de género, no a las drogas, no al alcohol y el no al desacato a las Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Cada uno de los miembros de la unidad, desde el coronel hasta el último soldado, lleva una tarjeta que lleva permanentemente consigo donde están el decálogo y los cuatro ‘noes’ y es de obligado cumplimiento conocerlo porque así lo ha ordenado la Fuerza Terrestre.El pelotón lo dirige un suboficial que cambia cada semana. Los soldados, que forman parte de un regimiento que participa de forma habitual en las misiones internacionales, son evaluados los viernes por oficiales, con preguntas del tipo ¿cuáles son los nombres de toda la cadena de mando?, y después se decide si vuelven a su actividad habitual o siguen una semana más castigados en el patio.El Ejército de Tierra ha confirmado la existencia de este pelotón y asegura que es totalmente reglamentario. Igualmente, explica que el decálogo –que el coronel ha puesto en pósteres por toda la unidad y obliga a llevar en el bolsillo a los 430 miembros del regimiento, incluido él mismo– se ha elaborado en el seno del Ejército y no por obra y gracia de este mando.Corregir defectos sin sancionarUn oficial conocedor de la situación en la base Cid Campeador apunta una razón para explicar la creación del pelotón: corregir defectos sin necesidad de sancionarlos. Al parecer, los errores en el saludo o en la uniformidad son comunes en las unidades, sobre todo en algunas muy técnicas, como es el caso del Regimiento de Transmisiones número 1. En teoría, cada fallo es una falta leve, y la acumulación de tres faltas leves llevan a una falta grave, con lo que alguien que no lleva el pelo todo lo corto que debería podría acabar arrestado por esta razón. Siempre que su mando le dé mucha importancia a estas cosas. Según explica el oficial consultado, lo que ha querido el coronel, que es uno de a los que le importan estos detalles, es corregir los errores sin tener que sancionar, aunque para ello haya elegido una fórmula bastante heterodoxa. O un castigo fuera del espíritu de un Ejército moderno, según apuntan desde la AUME.Salvador Herráiz niega la existencia de quejas dentro de la tropa en al acuartelamiento de Burgos. Es más, indica que informó al general de la Unidad de que se observa «una mejora notable en la formación militar y personal». En la Fuerza Terrestre se está haciendo una estadística para ver si la campaña se refleja en los datos. «Han observado que ha bajado el consumo de alcohol, el consumo de drogas y los casos de violencia de género», indica. Esta campaña tiene prevista una duración de un año, «pero en vista de los buenos resultados» se prolongará un año más.