El Correo de Burgos

«El Camino de Santiago es magia, amor y unión entre todos»

La Asociación CompostELA, con el científico burgalés Dabiz Riaño en primera línea de batalla, vuelve a tomar la plaza del Obradoiro para reclamar un «turismo accesible y la necesidad de que toda la sociedad se conciencie»

La Asociación CompostELA culmina su tercer Camino de Santiago en la plaza del Obradoiro.

La Asociación CompostELA culmina su tercer Camino de Santiago en la plaza del Obradoiro.RAÚL AGUIRRE

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Las lágrimas que hayan podido caer sobre el cuaderno de bitácora son de alegría. Una semana en el Camino de Santiago da para mucho. Para reír, cantar, bailar y celebrar cada kilómetro. Con o sin silla de ruedas. Lo mismo da cuando se hace «piña» para reivindicar un «turismo accesible y la necesidad de que toda la sociedad se conciencie». La Asociación CompostELA ha vuelto a hacerlo por tercer año consecutivo. Desde la pequeña aldea lucense de O Cebreiro hasta su ya simbólica línea de meta: la plaza del Obradoiro

7 de septiembre. La comitiva llega con tiempo más que suficiente para realizar una prueba de imagen y sonido en condiciones para presentar, a media tarde, el documental Damjan y el Camino en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Santiago de Compostela (USC). La cinta, dirigida por el científico burgalés Dabiz Riaño junto a varios compañeros de viaje con Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) y otras enfermedades neurodegenerativas, resume la experiencia de CompostELA 2022. Nada más cruzar el Arco de Gelmírez, todo el mundo se abraza. Y grita, baila, celebra. 

Dabiz Riaño, en Santiago de Compostela.

Dabiz Riaño, en Santiago de Compostela.RAÚL AGUIRRE

«Todas las personas que vienen aquí tienen una historia muy dura y aún así se entregan para sacar una sonrisa a los demás», destaca Leti. Para esta joven burgalesa, auxiliar de Enfermería y amiga de Riaño, volver a participar en esta expedición es sinónimo de «emoción». Es lo que tiene compartir tantas horas con un grupo de «campeones» que llevan «la fortaleza y el humor como bandera y como arma para todo»

Prácticamente «sin voz» porque se pasó «todo el viaje cantando, gritando y riendo», Susi reconoce que ha sido una «experiencia increíble». Era su primera vez y repetirá, sin duda. «La gente se paraba, nos animaba, entendía nuestra historia y nuestro propósito». Y qué decir de la irrupción en Santiago. «Espectacular, emocionante y mágica. Un privilegio absoluto poder estar aquí».

«Fíjate qué chorrada, tener autonomía para poder lavarse la cara él solo. La accesibilidad es mucho más que quitar un escalón»Leticia del Río, auxiliar de Enfermería y voluntaria de CompostELA

Tampoco estuvo quieta en ninguna de las etapas Laura, coorganizadora de CompostELA desde la primera edición. «Mismo grupo y gente nueva». ¿Qué más se puede pedir? Obviamente, que se atiendan las reivindicaciones para que el Camino sea más accesible. En eso están. Y no pararán hasta conseguirlo. 

«Es una experiencia inolvidable que se volverá a repetir las veces que haga falta», asegura Roberto, eternamente agradecido por las muestras de «compañerismo» y «complicidad» de principio a fin. En la misma onda, Alberto pone de relieve que «el Camino de Santiago es magia, amor y unión entre todos». A continuación, pide un aplauso para Riaño porque ha sido «el primer ser humano que ha cruzado el puente romano en silla de ruedas».

En la familia CompostELA, todos bailan al mismo son.

En la familia CompostELA, todos bailan al mismo son.ASOCIACIÓN COMPOSTELA

También lo cruza Daniel Archilla, que ya el año pasado demostró su innata fortaleza junto a Riaño, Rosa Garea e Ita Gutiérrez. Sabía a lo que se enfrentaba, pero los obstáculos son lo de menos cuando uno se encuentra con gente a su alrededor capaz de dejarle «sin palabras». Al final, califica lo vivido de «terrible». En el mejor de los sentidos y entre risas, por supuesto.  

Para Leti, uno de los momentos que más le marcó de este viaje fue cuando «Dani ha podido abrir el grifo de algún baño». «Fíjate qué chorrada, tener autonomía para poder lavarse la cara él solo». Es lo que hay, mal que pese. Porque «de cinco hoteles, sólo lo ha podido hacer en dos». Por eso, y por tantas anécdotas similares, no se cansará de repetir que «la accesibilidad es mucho más que quitar un escalón».

El Camino supone un antes y un después. Riaño lo comprobó el año pasado y sabe que cada etapa, aunque siga el mismo recorrido, siempre es diferente. De esta última incursión se lleva muchas cosas. Quizá la más «bonita», según cuenta, sea su encuentro con Dionisio. «Pasamos delante de él y se levantó con su cachava». Aquel anciano al que de no conocía de nada le trató, de buenas a primeras, «como si fuera familia mía de toda la vida». 

De repente, el bueno de Dionisio «sacó de su bolsillo dos piedras y dos avellanas y nos las regaló». Era «lo único que tenía» junto a su bastón, tallado por el mismo, que también les obsequió. Incluso «nos quería dar un gorro para el sol», rememora emocionado e incapaz de olvidar a este nuevo amigo que ya forma parte de su resiliente trayectoria vital. 

Garea, entretanto, agradece de corazón la ayuda de todos los voluntarios -especialmente Mamen, Mati, Eva, Laura y Yoli- que «dedican la mayor parte de su tiempo a organizar todo para que tengamos tantos días mágicos». Y aunque deja claro que «seguiremos luchando por un mundo donde todos tengamos los mismos derechos y oportunidades», le «entristece» observar que, de nuevo, no les queda más remedio que «depender de la familia, los voluntarios y la Guardia Civil» -también de la Guardia Nacional Republicana (GNR) de Portugal en esta ocasión- porque «la accesibilidad sigue siendo mínima». 

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