El Correo de Burgos

La Semana Santa de Burgos agudiza los sentidos para ser más inclusiva que nunca

La Cofradía de San Gil celebra una experiencia pionera durante uno de sus ensayos con usuarios de la ONCE a través del tacto, el oído y el olfato. «Nuestra ilusión sería poder hacer un grupo de costaleros con personas con otras capacidades»

Usuarios de la ONCE palpan el Santísimo Cristo de Burgos en la iglesia de San Gil.

Usuarios de la ONCE palpan el Santísimo Cristo de Burgos en la iglesia de San Gil.TOMÁS ALONSO

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La Semana Santa de Burgos no solo aspira a convertirse en fiesta de Interés Turístico Internacional. También persigue, paso a paso pero en firme, la plena inclusión de todas aquellas personas que padecen algún tipo de discapacidad. Para conseguirlo, lo primordial es agudizar todos los sentidos y promover iniciativas como la que ha llevado a cabo este martes la Cofradía de San Gil en el interior de su parroquia. 

Más de una treintena de usuarios de la ONCE se han acercado esta tarde hasta la iglesia para participar en una experiencia inmersiva y pionera en la ciudad. A través del tacto, del olfato y del oído, han tenido la oportunidad de asistir a un ensayo de la Banda de Cornetas y Tambores de la Real Hermandad de la Sangre de Cristo y Nuestra Señora de los Dolores, unirse a las levantás con los costaleros y palpar las tallas que procesionan cada año en Semana Santa. 

Antes de tocar -y sentir- la réplica del Santísimo Cristo de Burgos y la talla de la Virgen de los Dolores, vinculada al escultor Gregorio Fernández, los asistentes han podido palpar diferentes ornamentos como las matraca, los estandartes o las cruces de Viernes Santo, de unos diez kilos de peso, que muchos integrantes de la Cofradía portan a modo de penitencia. Del mismo modo, han conocido de cerca a la Virgen del Socorro que volverá a ser portada por un centenar de niños y niñas el sábado 23 de marzo en el centro de la ciudad. 

Una usuaria de la ONCE toca un estandarte de la Real Hermandad de la Sangre del Cristo de Burgos.

Una usuaria de la ONCE toca un estandarte de la Real Hermandad de la Sangre del Cristo de Burgos.TOMÁS ALONSO

La iniciativa surgió desde el «convencimiento de que la cultura tiene que ser accesible», enfatizaba Javier Peña, cofrade y costalero de San Gil, con la firme pretensión de que este proyecto crezca año tras año para «hacerlo todavía más inclusivo». Lo primero, obviamente, es testar la opinión de los usuarios y tomar nota de sus sugerencias. No en vano, reconoce que «nuestra ilusión sería poder hacer un grupo de costaleros con personas con otras capacidades»

El proyecto, ideado por Daniel Mata y el propio Peña, sedujo desde el primer momento al director de la ONCE en Burgos, Enrique Fernández. «Es una forma de que las personas ciegas o con discapacidad visual podamos sentir más la Semana Santa», confesaba minutos antes de iniciar un recorrido sensorial que ya se ha llevado a cabo en otras ciudades como Zamora. Allí, por lo que le transmitieron los compañeros, «la experiencia había gustado». 

Antes de palpar y sentir la pasión de los fieles de San Gil en primera persona, los participantes eran recibidos por Roberto Marañón, vicepresidente de la Cofradía. Tras una breve y amena presentación llegaría el párroco, Enrique Ybáñez, dispuesto a exponer lo que se avecinaba. 

Desde el más absoluto fervor, Ybáñez ha explicado -entre otras cosas- que al Santísimo Cristo de Burgos se le puede definir como «patético», sin caer en lo peyorativo, porque «tiene más llagas de las que podría tener por la pasión». De esta forma, ha animado al público a tocar todos esos «puntitos», que son el fiel reflejo del dolor propio y ajeno, y depositar «en sus heridas vuestros sufrimientos»

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