La realidad virtual acercará al gran público los tesoros de Ojo Guareña
La Diputación triplicará su aportación al grupo espeleológico Edelweiss en 2025, hasta 60.000 euros, que quiere también abrir alguna cueva de la zona al turismo "técnico" y reivindica el subsuelo de los Montes de Valnera y del Somo en el octavo libro divulgativo de la serie Kaite

Representantes del grupo espeleológico Edelweiss posan con la nueva publicación junto con el presidente de la Diputación, Borja Suárez, y la portavoz provincial, Inmaculada Sierra.
La tecnología permitirá acercar al gran público los tesoros que alberga el complejo kárstico de Ojo Guareña. Lo hará posible Edelweiss, que celebrará así los 70 años de las primeras exploraciones de la zona. Unas gafas de realidad virtual democratizarán la experiencia de la que este grupo espeleológico burgalés disfruta desde entonces. Su labor servía, de hecho, para poner en valor y en el mapa el entorno que quiere compartir, pues, tras esa toma de contacto ahora festejada, la formación impulsó la celebración de un campamento internacional que propició fotografiar los primeros 50 kilómetros de la cueva -durante mucho tiempo la más grande de España- y supuso el germen de su declaración como Monumento Natural.
Similar impulso recibían tras su paso las cavidades de la Sierra de Atapuerca, "simiente de lo que hoy es un proyecto de interés internacional", o los yacimientos de Cueva Millán de Hortigüela, ambos iniciados también hace 50 años, al igual que el comienzo de los trabajos sistemáticos en la Sierra Salvada, cuyos frutos recogían en una publicación que resultó fundamental para su reconocimiento también como Monumento Natural.
Consciente de la repercusión de la labor de Edelweiss, la Diputación Provincial triplicará el próximo año, tal y como recoge el presupuesto de 2025 aprobado de manera provisional, la partida destinada a sufragar su actividad. Pasará de los 20.000 euros actuales a 60.000, lo que facilitará al grupo espeleológico conmemorar las efemérides citadas por todo lo alto y, además de proyectar el documental de 50 minutos que pone en valor el patrimonio subterráneo de Ojo Guareña, harán aflorar su paisaje kárstico de excepción gracias al sistema citado, nutrido de imágenes tomadas en sus incursiones para dar forma a una visita inmersiva accesible a todos.
Así lo ha avanzado el presidente de Edelweiss, Fernando Pino, en la presentación de un nuevo número de la serie de publicaciones Kaite (Estudios de espeleología burgalesa), dedicado al patrimonio subterráneo de los Montes de Valnera y del Somo. La elección de este entorno, el reverso de la Cordillera Cantábrica en la provincia de Burgos, busca reivindicar su valía y espolear futuros reconocimientos como los obtenidos por los otros enclaves ya citados. "Es una zona absolutamente desconocida, comparable con los lugares singulares y paradigmáticos para la espeleología internacional que se encuentran al otro lado de esos puertos", asegura Carlos Puch, coautor de los textos del libro, para añadir que, si bien puede deberse a que "se trata de una zona que históricamente aislada", cabe redescubrirla cuanto antes, pues "ligada a la cultura pasiega que allí se asienta pervive una arquitectura de hace más de tres y cuatro siglos, en pie y bien conservada, rodeada de un paisaje sumamente atractivo, espectacular, y, para colmo, lo que hay bajo tierra es increíble".
Abogan, de hecho, tanto Pino como Puch, por explotar sus bondades como imán para el turismo "de todos los niveles" y convertir el paraje en otro motor de desarrollo como lo son en la actualidad Ojo Guareña -complejo en el que aspiran por cierto a abrir alguna cavidad a visitas "técnicas"- o Atapuerca. "Nosotros aportamos la información del subsuelo", comentan divertidos y orgullosos.
El libro en cuestión es fruto de "un trabajo valioso llevado a cabo en condiciones muy duras, debido a la lejanía, la dificultad, la excepcional verticalidad, la presencia casi constante de agua y las bajas temperaturas de las cavidades que horadan estas montañas".
Los autores de sus más de 400 páginas optaban por priorizar la imagen para dar forma a un extenso abanico de estampas tanto del paisaje exterior como, sobre todo, "de lo que existe en sus entrañas y es totalmente desconocido por la mayoría: las cuevas y las torcas". Y es que "los macizos que orlan el curso alto del río Trueba dan cobijo a las simas y las cuevas más profundas y algunas de las más extensas de la provincia, al tiempo que encierran un conjunto único de abismos formidables que rondan o sobrepasan los 200 metros de vertical absoluta", añaden los expertos.