El Correo de Burgos

El legado de la burgalesa Leonor de Castilla, la reina que conquistó a Eduardo I y a la historia (y fue feliz)

La Fundación Hispano Británica organiza un homenaje en Londres a Leonor de Castilla, la reina que unió Burgos e Inglaterra con su historia de amor. Se casó siendo aún muy joven con el príncipe Eduardo, con quien mantuvo un gran amor, tuvo quince hijos e, incluso, le acompañó a las cruzadas. Hasta le salvó la vida

Leonor de Castilla. Homenaje en Westminster a la reina que unió Burgos e Inglaterra

Leonor de Castilla. Homenaje en Westminster a la reina que unió Burgos e InglaterraMINISTERIO DE EXTERIORES

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En el corazón de Londres, bajo las imponentes bóvedas de la Abadía de Westminster, alguien susurra el nombre de Leonor de Castilla. Fue en este lugar, donde hoy reposan sus restos, donde recientemente se rindió homenaje a una mujer que hace más de siete siglos dejó su tierra para abrazar un destino incierto, pero lleno de historias que aún resuenan. Una de las diferentes actividades que ha organizado la Fundación Fundación Hispano Británica para reivindicar la figura de una reina única, la burgalesa que conquistó Inglaterra.

Leonor no tenía ni quince años cuando su vida dio un giro irrevocable. Era hija del poderoso Fernando III el Santo de Castilla y el acuerdo para su matrimonio con Eduardo, príncipe heredero de Inglaterra, sellaba una frágil paz entre ambos reinos enfrentados por la posesión de Gascuña. 

Ella, era apenas una adolescente cuando en el Real Monasterio de Las Huelgas, en Burgos, la unión con el príncipe Eduardo se hizo oficial. Pero lo que comenzó como un pacto político se transformó en una historia de amor poco común en las cortes de la época. Una princesa prometida, de las de cuento. 

Leonor de Castilla.

Leonor de Castilla.ECB

Una historia totalmente opuesta a la de su cuñada, la princesa Kristina de Noruega, que se apagó en España tras casarse con el infante Felipe de Castilla, hijo del rey Fernando III el Santo y de Beatriz de Suabia, Reina de 1219 a 1235, y hermanastro de Leonor de Castilla, hija del Rey Fernando tras unirse en segundas nupcias con Juana de Ponthieu.

El joven matrimonio de Felipe y Kristina fijó su residencia en la ciudad de Sevilla, aunque la princesa noruega nunca logró adaptarse plenamente a su nueva vida en aquel lugar. Apenas cuatro años después de su boda, en 1262, la princesa Cristina de Noruega falleció sin dejar descendencia y fue enterrada en la Colegiata de San Cosme y San Damián de la localidad burgalesa de Covarrubias, de la que su marido era abad. El pueblo burgalés la ha adoptado como suya y estrechado lazos con Noruega.

Amor verdadero entre dos príncipes

Dicen los cronistas que Eduardo no solo respetaba a Leonor de Castilla, su joven esposa, sino que la adoraba. Leonor no fue una reina que se mantuviera en segundo plano; donde estaba Eduardo, estaba ella. En la Novena Cruzada, viajaron juntos hasta Tierra Santa, enfrentándose a situaciones que no eran aptas para cualquiera. 

Representación en una litografía del siglo XIX del episodio, legendario, en que Leonor habría salvado la vida de su esposo Eduardo I durante la Novena Cruzada.

Representación en una litografía del siglo XIX del episodio, legendario, en que Leonor habría salvado la vida de su esposo Eduardo I durante la Novena Cruzada.ECB

Fue en la Cruzada cuando, según una de las leyendas más hermosas que se cuentan sobre la enamorada pareja real, Leonor salvó a su esposo de una muerte segura al succionar el veneno de una mordedura de víbora. Aunque la veracidad de la historia se pierde en el tiempo, lo que no se pierde es la imagen de una mujer decidida a luchar por la vida de quien amaba.

Pero su historia no es solo de aventuras y romanticismo. Leonor y Eduardo tuvieron quince hijos, una muestra del vínculo sólido que compartían, y juntos moldearon un reino. 

Leonor de Castilla junto a su esposo, Eduardo I, en la Catedral de Lincoln.

Leonor de Castilla junto a su esposo, Eduardo I, en la Catedral de Lincoln.Von Lincolnian

Una muerte devastadora

Cuando Leonor murió en 1290, con apenas 49 años,  Eduardo quedó devastado. Tanto, que ordenó que en cada parada del cortejo fúnebre que trasladaba el cuerpo de la reina castellana desde Harby, en Lincolnshire, hasta Westminster se erigiera una cruz. 

Doce cruces en total, como doce suspiros grabados en piedra. La más famosa, Charing Cross, sigue siendo un testimonio silencioso del amor de un rey por su reina. Un homenaje en piedra en el centro geográfico de la capital inglesa.  Solo tres cruces sobreviven intactas a día de hoy en Geddington, Hardingstone y Waltham.

Cruz de Leonor en el centro de la Waltham, en Hertfordshire.

Cruz de Leonor en el centro de la Waltham, en Hertfordshire.Nigel Cox

El homenaje reciente en Londres, en el aniversario de su muerte, fue sencillo pero emotivo. Se celebró el 8 de diciembre en la Abadía de Westminster organizado por la Fundación Hispano Británica. La entidad ha organizado este y otros actos, como el premio de periodismo 'Leonor de Castilla Reina de Inglaterra', con motivo del 750º aniversario de la coronación de la infanta Leonor de Castilla como reina de Inglaterra (1274 - 2024).  

Durante el acto, en el que participó el embajador español en Londres, se depositaron tres coronas de laurel se depositaron sobre su tumba. En un rincón de la abadía de Westminster, mientras las flores descansaban sobre la piedra fría, parecía escucharse el eco de una historia que une dos mundos, una historia que comienza con una niña de Castilla y un príncipe inglés y que termina con el legado de una reina que vivió y amó intensamente.

Porque Leonor no solo unió reinos; unió corazones. Y su historia sigue recordándonos que, incluso en las alianzas políticas más frías, puede florecer el calor humano de un amor auténtico. 

Ni Castilla ni España ni Inglaterra han olvidado a la Reina Leonor, como prueba el solemne homenaje realizado en la capital británica en el que el embajador español en el Reino Unido, José Pascual Marco, junto a otros asistentes, depositó tres coronas de laurel sobre la tumba de la reina castellana, un gesto sencillo pero profundamente simbólico.

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