El Correo de Burgos

Los farolillos subirán al cielo de Burgos y se transformarán en bolsa de chuches para el Congo

La decima edición de la suelta de farolillos 'Enciende la llama' de Proyecto Rubare se destinará a compartir una bolsa con galletas y chupachús a los 3.000 niños del campo de refugiados de Buhimba

Suelta de farolillos organizado por Proyecto Rubare el año pasado en el Paseo de Atapuerca. Este año se realizará en la Plaza San Juan.

Suelta de farolillos organizado por Proyecto Rubare el año pasado en el Paseo de Atapuerca. Este año se realizará en la Plaza San Juan.santi otero

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Hace unos días Tomás Martínez (Proyecto Rubare) regresó de la República Democrática del Congo. Allí entregó 20.000 kilos de harina financiados por la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento de Valladolid para nutrir a 3.000 niños y 800 mujeres del campo de refugiados de Buhimba. «Hay tanto por hacer, tanta necesidad, tantos niños que conviven con la miseria... Que estamos preparando unas bolsas de dulces para poder cubrir las necesidades energéticas de estos niños en Navidad y darles una alegría», explica el creador de la ONG Proyecto Rubare, Tomás Martínez.

Entrega de 20.000 sacos de harina financiada con ayudas del Ayuntamiento de Valladolid y de la Junta de Castilla y León. Esperan que se apruebe una ayuda similar en el Ayuntamiento de Burgos.

Entrega de 20.000 sacos de harina financiada con ayudas del Ayuntamiento de Valladolid y de la Junta de Castilla y León. Esperan que se apruebe una ayuda similar en el Ayuntamiento de Burgos.

La ONG burgalesa y la Fundación Kivu Jambo que es la entidad que trabaja directamente en Congo, buscan que la décima edición de la Suelta de Farolillos ‘Una llama de esperanza’ permita cubrir los gastos de esas bolsas de chuches. Más bien unas galletas repletas de glucosa, que es lo que estos 3.000 pequeños necesitan, y un chupachups. «Son tan agradecidos, han pasado tanto... Es increíble lo que han pasado, lo que te cuentan las mujeres que les han hecho los soldados de las guerrillas...¿Cómo puede ser tan ruin el ser humano?», lamenta.

La suelta de farolillos se realizará este sábado a las 18 horas en la Plaza de San Juan puesto que han cambiado de ubicación respecto a otros años (que se organizaba en el Paseo de Atapuerca). Se aportan cuatro euros por farolillo que se pueden adquirir de manera anticipada en comercios de Burgos como State Quieto, las dos sedes de Central Óptica Burgalesa, Solare y The Good Packets.

Proyecto Rubare colabora con la fundación argentina Happy Children para atender el campamento interno de refugiados de Buhimba. La instalación se encuentra sobrepasada al sumarse desplazados del campo de Don Bosco Sasha ocupado a principios del año pasado. Así que las necesidades allí son múltiples. La comida, no suele llevar galletas y caramelos como tienen las bolsas que están preparando para estos días. Lo habitual es la harina de maíz, como la que acaban de dejar allí. Con esta harina hacen una masa que «usan como nosotros el pan y es la base de su alimentación». Esta se mezcla con alubias, que tienen proteínas, arroz y verdura de hoja, al estilo de las espinacas, que allí se obtiene a bajo precio.

Este es uno de los 10 campamento de refugiados internos que se han abierto en Goma después del recrudecimiento del enfrentamiento entre guerrillas en el país africano. «Es un país tan rico, tienen tantas materias primas para los aparatos de occidente, en agricultura hasta dos cosechas, pero la guerra es por el control del coltán es tremendo como se llevan a los niños, los explotan en las minas, y las guerras que, lo más triste de todo, están financiadas por los países occidentales, y es que no salen adelante, no les dejamos», lamenta.

Son más de diez años los que Proyecto Rubare trabaja en la zona. Lejos de apaciguarse y solucionarse, la explotación infantil y de mujeres se multiplica con las luchas internas por el coltán, el estaño, la pirita, el oro, el tungsteno la casiterita. Todos ellos son clave en el desarrollo tecnológico de móviles y otros productos informáticos. «Es terrible, yo tengo móvil, porque al final lo necesitas, me va algo mal pero no lo cambio hasta que deje de funcionar porque veo los estragos que provocan todos los minerales que se utilizan para su desarrollo», explica.

En este contexto se entiende el recrudecimiento de los últimos años de la guerra interna que es ajena a informativos de televisión y la sociedad en general con menos eco que otros conflictos igual de sangrientos. La guerrilla alternativa al gobierno se ha quedado con el control de Rubare y es un estado casi independiente. Allí han tenido que dejar sus proyectos aparcados. «Nos pudimos llevar la harinera a Goma y la Escuela la quieren arreglar unos padres para unos 400 niños porque lleva dos años cerrada, pero los rebeldes tampoco han creado un sistema de organización estatal y tienen problemas».

No pierden el contacto con Rubare pero el foco principal de sus esfuerzos, además de los campos de refugiados de Buhimba, es la isla de paz en Idji. «El colegio va muy bien, está ya entre los diez mejores de El Congo y aquí estamos bien porque como no hay minas ni minerales ni riqueza nos dejan tranquilos», explica Martínez.

La instalación cuenta con 275 escolares, pero también atienden a 35 mujeres que realizan un curso de FP para costura y cuentan con aula de informática. Allí se realizan, también, clases de alfabetización de adultos. «Les enseñan suajili, ya hay dos cursos, y vamos a empezar con el francés», relata orgulloso el responsable de Proyecto Rubare.

Escuela de Idji donde hay un comedor que garantiza al menos una comida diaria a los más pequeños.

Escuela de Idji donde hay un comedor que garantiza al menos una comida diaria a los más pequeños.

La última novedad es el salón cultural del colegio que ya cuenta con proyector de cine. «Es un lugar donde aprenden informática, hay juegos, y lo sábados proyectamos una película que estos niños no han visto nunca y es muy emocionante como lo viven, se trata de que estén tranquilos, aislados de todo lo malo que han visto, y que aprendan un oficio», explica.

Sesión de cine para los más pequeños en el salón social del colegio de Idji que gestiona Proyecto Rubare y la Fundación Kivu Jambo.

Sesión de cine para los más pequeños en el salón social del colegio de Idji que gestiona Proyecto Rubare y la Fundación Kivu Jambo.

Están a la espera de que se resuelvan las ayudas a la cooperación del Ayuntamiento de Burgos que «se nos ha quedado a la mitad y sólo podemos pedir 50.000 euros como máximo». Con esa cantidad buscan habilitar aulas de secundaria para los niños y mayores que van pasando de curso. También están a la espera de las ayudas para adquirir alimentos para los campos de refugiados que el pasado 23 de diciembre sí ha aprobado el Ayuntamiento de Valladolid (10.000 euros para comprar harina de maíz, alubias rojas y una papilla nutritiva elaborada con maíz, sorgo y soja para dos meses).

Para garantizar el alimento en el comedor de 50 huérfanos de la isla de Idji todo el año se buscan alternativas. Las necesidades están presentes los 365 días del año y el salario de seis profesores, un director, un profesor de FP y un informático. Cuenta con un hotel para la población blanca que vive en el país y algunas visitas de turistas puesto que es una zona libre de guerra. Los padres se turnan para el cuidado de la huerta con el que completan la alimentación en el colegio Esther Fonseca. La educación es su última oportunidad. El colegio permite retirar a los niños de guerrillas y minas de coltán y enseñarles un oficio es la única manera de romper la espiral de pobreza, destrucción y violencia en la que esta sumido el Congo desde hace años.

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