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Horas de interrogatorio y «mucha psicología» para la confesión del asesinato de Andrea

Desde que interpuso la denuncia ante la Policía Nacional, Jaime Vélez despertó los recelos de los agentes. Después de asfixiar a su pareja, trasladó su cuerpo hasta un paraje muy especial para ambos a 50 kilómetros de Burgos. Ambos tenían un hijo de 7 años en común 

Andrea Bejarano y Jaime V. en una foto tomada hace una década.

Andrea Bejarano y Jaime V. en una foto tomada hace una década.ECB

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Denunció la desaparición de su pareja y madre de su hijo el domingo 16 de marzo, el mismo día que fue vista por última vez. Al poco de entrar en la Comisaría Provincial de Burgos, la actitud de Jaime Vèlez despertó el recelo de los agentes que le tomaron declaración. Algo no cuadraba, así que no tardó en convertirse en el principal sospechoso. Con la Brigada de Policía Judicial a cargo de la investigación, no quedaba más remedio que proceder a un exhaustivo interrogatorio con el objetivo de descartar o confirmar si este hombre de 42 años sabía dónde podía estar Andrea Bejarano (34).

En busca de posibles contradicciones y analizando al detalle su actitud no verbal, el interrogatorio se prolongó durante horas hasta que Jaime V. acabó confesando, al filo de la madrugada de este miércoles, que había asesinado a Andrea. Se acabó derrumbando y relató que el homicidio había tenido lugar en el domicilio que ambos compartían, en Burgos capital, junto a su hijo de 7 años. Fue necesario emplear «mucha psicología» para arrancar la confesión. De lo contrario, es probable que la investigación hubiese quedado en punto muerto. 

Tal y como ha adelantado este periódico, el cadáver de Andrea presentaba signos de asfixia. No obstante, habrá que esperar al examen forense para determinar con exactitud si su muerte se produjo por estrangulamiento. En cualquier caso, Jaime V. trasladó el cuerpo sin vida de su pareja hasta Salinillas de Bureba, a unos 50 kilómetros de la capital y muy cerca de Briviesca. Ambos conocían la zona y, de hecho, era un lugar al que estaban especialmente unidos por «vínculos emocionales». 

Una vez allí, el autor confeso de este crimen machista se dirigió a una zona boscosa para depositar el cadáver. No lo dejó a la vista, sino que buscó un lugar «bien oculto» para intentar que nadie lo localizase. Sin embargo, de nada le sirvió intentar tapar las pruebas del delito porque la Policía Nacional supo, casi desde el principio, que su actitud a la hora de denunciar la desaparición «no iba por buen camino». 

«En las desapariciones hay que pedir prudencia porque los individuos somos libres de irnos y no dar explicaciones», subrayaba el subdelegado del Gobierno en Burgos, Pedro de la Fuente, tras poner en valor el trabajo desempeñado por la Policía Judicial a la hora de esclarecer los hechos. Se requería prudencia, desde luego, pero tampoco había tiempo que perder y por eso los agentes optaron por apretar las tuercas al sospechoso tras recabar información que pudiese acreditar su culpabilidad. 

Un punto clave, más allá del nerviosismo de Jaime V. al declarar en dependencias policiales, era que la pareja se encontraba en trámites de separación. Sin duda, un hilo del qué tirar para los investigadores al tratarse de un móvil sumamente consistente para un crimen de estas características. 

Sea como fuere, la investigación continúa abierta. Hasta el punto de que la Policía Nacional volverá a inspeccionar la zona en la que se halló el cadáver esta misma tarde con el fin de recabar nuevas pruebas. El detenido, por su parte, pasará a disposición judicial a partir de mañana. 

La pareja, de origen colombiano, llevaba residiendo en Burgos desde hacía años y ambos tenían nacionalidad española. Andrea, oriunda de Cali, ejercía como técnica de laboratorio en el Hospital Universitario de Burgos (HUBU). Por su parte, Jaime V. procedía de Zarzal y trabajaba en la base militar de Castrillo del Val. Su hijo, de 7 años, convivía con ambos porque la pareja aún no había formalizado su separación. 

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