El Correo de Burgos

23.000 muestras para descubrir la evolución del cáncer desde 2006

El Biobanco de Tumores del HUBU ha registrado 3.500 donaciones. Con dos centímetros de muestra y 30 minutos para procesarlo se da un paso más en la batalla contra el cáncer.

Las muestra se conservan a una temperatura de -80 grados. Algunas se incorporaron hace 19 años.

Las muestra se conservan a una temperatura de -80 grados. Algunas se incorporaron hace 19 años.TOMAS ALONSO

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En la larga batalla contra el cáncer la investigación de las diferentes variantes de cada uno de los tipos de afección oncológica es clave. La medicina de precisión ha permitido ganar terreno en los últimos años. Disponer de una red de muestras de tejidos tumorales es una de las claves estratégicas en esta guerra contra las células cancerígenas. Una batalla que, también, pasa por Burgos y en la que todos podemos aportar nuestro grano de arena.

En una pequeña sala del servicio de Anatomía Patológica del Hospital Universitario de Burgos (HUBU) se conservan en cuatro grandes frigoríficos una herramienta clave en esa lucha común contra las enfermedades oncológicas. A -80 grados y en pequeñas cajas se guardan como un tesoro 23.000 muestras que son la criptonita de las células cancerígenas para afinar los tratamientos contra esta enfermedad.

En la sala de -80 grados se conservan 23.00 muestras generadas por 3.500 donaciones. Las más antiguas datan de 2006. Antes se han procesado en tiempo récord para que no pierdan ningún tipo de información porque, ahora, la identificación molecular es tan importante como el diagnóstico histológico que define la patología, el grado de afectación y el pronóstico.

Yulianna  Castro (i) y  Patricia Saiz son las responsables del Biobancao de tumores del HUBU.

Yulianna Castro (i) y Patricia Saiz son las responsables del Biobancao de tumores del HUBU.TOMAS ALONSO

Todo empieza por el donante. El paciente que, dentro del impacto que supone el diagnóstico de cáncer y la proximidad de una operación para recoger una muestra tiene que decidir si se convierte en donante o no del Biobanco de Tumores. «El médico en la consulta es quién cuando da los permisos para la cirugía y la anestesia también dan el consentimiento de cesión de material al banco», señala la coordinadora del Biobanco de Tumores de Burgos, Patricia Sáiz.

Cuando ese permiso llega, la técnico del Biobanco, Yulianna Castro, inicia una carrera contrarreloj para conservar todas las propiedades del material donado. «Con las cirugías programadas ya sabemos cuántas donaciones se van a realizar cada día, toda la red de atención al paciente en este proceso está avisada de que hay una donación y actuamos de forma coordinada», apunta Castro.

Donar material al banco de muestras turmorales no supone extraer una mayor cantidad. Se aprovecha todo lo que está previsto de manera previa en la operación por el especialista que lleva cada caso. «Donar no significa realizar una extracción mayor de material, de la parte que el médico determina que es necesario para conocer la enfermedad si sobra se destina una parte al banco, si no se ha autorizado donar se destruye lo que sobra», concluye Sáiz.

Estas armas de apoyo a la investigación contra el cáncer no son muy grades. Con dos centímetros de material donado se logra extraer las muestras suficientes que permitan atender la demanda de pruebas que los investigadores necesitan. «El material llega en fresco y en 30 minutos procesamos todo para por un lado extraer pequeñas muestras que introducimos en parafina para su análisis al microscopio y conservamos el resto para un uso posterior a -80 grados», resume Yulianna Castro.

Sala donde se cortan las piezas extraídas en el quirófano.

Sala donde se cortan las piezas extraídas en el quirófano.TOMAS ALONSO

El trabajo rápido, que implica a diferentes áreas del servicio de Anatomía Patológica, logra «conservar el material genético y biológico en perfectas condiciones». La muestra se corta y se conserva en formol durante una noche. En este punto del proceso acompañar con una buena y exhaustiva documentación es clave. El devenir del interés científico en la medicina de precisión hace que la información y archivo de muestras y placas para su uso en el microscopio sea tan importante como el tratamiento rápido del proceso. «Es lo que más ha cambiado en estos años, antes se pedían muestras de cáncer de mama, ahora te piden muestras de cáncer de mama con este gen o que hayan sido sometidos a un tipo concreto de tratamiento, por eso el trabajo en red de los biobancos es tan importante y cuantas más muestras podamos ofrecer mejor investigación se podrá realizar porque la medicina de precisión exige muestras más concretas», sostiene Patricia Sáiz.

Cuando ha pasado un día en formol, se extrae una pequeña porción para poder contar con una muestra que analizar en microscopio y archivar. Para ello el material se lleva a una estación de inclusión donde a la muestra milimétrica se le inyecta parafina que solidifique el material. El resto a analizar se mezcla con hemotoxilina eosina para que adquiera un tono morado que permita su mejor manejo en el microscopio. Para ello se coloca en celdas que archivan la lámina de cristal lista para llevar al microscopio que, en el caso del biobanco de tumores, es de color naranja.

La identificación y la trazabilidad de la muestra es fundamental para un correcta gestión de las muestras y, también, para la solicitud para el estudio. Todo lo que se dona es anónimo en lo que se refiere al donante. No así en su edad, sexo, pieza extraída y los datos obtenidos en su análisis desde la historia histológica a toda la información molecular necesaria. «Toda esa información se une a su código asociado que empieza por 74, el que se asocia al banco de tumores de Burgos, el año de extracción y el número de tumor», señala Yulianna Castro. Asegura que si no se cumple el criterio de trazabilidad y se registran correctamente los datos de cada muestra «cuando recibes una petición no sabes por donde empezar a buscar, tener un registro completo de todo, donde se archiva, en qué cajita, en qué balda... Hay un trabajo de gestión de archivo detrás que no se ve pero que es completamente necesario porque las peticiones cada vez son más específicas», añade Patricia Saiz.

De manera habitual, en el banco trabajan entre tres y seis proyectos de investigación diferentes al año y se gestionan unas 300 donaciones anuales. Está en fase de aprobación un estudio sobre el cáncer de colon, y dos sobre cáncer de mama con demandas de tipo tumor o de un tratamiento concreto realizado.

La petición de colaboración con el Biobanco de Tumores de Burgos se pueden realizar en tres modalidades distintas. Por un lado, son los profesionales del propio hospital los que solicitan material para una investigación propia que se hace en el propio centro. Otra fórmula son profesionales del HUBU que solicitan determinadas muestras al participar en un estudio en red con otros centros. La tercera fórmula de colaboración con la cesión de material viene de terceros a través del coordinador del nodo de biobancos de Castilla y León, radicado en Salamanca, que solicitan determinadas muestras concretas en diferentes bancos. «Lo importante es que por muy especifico que sea lo que se solicita haya cuanta más muestra mejor porque es la forma de conocer mejor la enfermedad», resaltan.

Hay tumores de los que se cuenta con poco registro. Los que más llegan son del área de cirugía general pero también de ginecología y de otorrino o sarcomas. «Los clínicos tienen ese interés de poder ir haciendo una colección propia para el investigador pero en otras ocasiones se genera una donación para el biobanco porque queda archivado y registrado», explican. De cada dos centímetros de muestra se extrae una delgada lámina para poder crear la muestra que llevar al laboratorio. El resto de la pieza se congela. Si fuera necesario se vuelven a extraer pequeñas láminas. «Se suele sacar de media tres corte para estudiar tres proteínas por ejemplo, pero luego se pueden sacar otras opciones de la pieza original cuando sea necesario», sostienen. De ahí que aún se conserven piezas de muestras desde 2006 cuando se puso en marcha el Biobanco de Tumores de Burgos integrado en la red regional.

Las donaciones han empezado a repuntar tras el bajón generado durante la pandemia, en la que se redujo el nivel de cirugías. Con todo, animan a los pacientes que, en medio del shock del diagnostico de la enfermedad y del miedo a la cirugía, se planteen una donación para ayudar en la lucha contra el cáncer.

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