Estos son los secretos que esconde el Museo de Burgos y que bien valen una nueva visita
Entre los cientos de obras, piezas y restos que narran la historia de la provincia a través de sus objetos existen hitos y referencias. Hay ocho elementos que no llaman la atención, se muestra aunque no son los más conocidos pero son “relevantes o singulares”

El Museo de Burgos cuenta con 10.000 conjuntos de relevancia formado por diferentes elementos, objetos o trozos que cuentan la historia de Burgos.
Al Museo Provincial de Burgos, uno de los más antiguos del país, llegan unas 8.000 piezas al año que se extraen de excavaciones o son donaciones, préstamos o adquisiciones de piezas de relevancia. Desde la reproducción de Homo antecesor, de hace más de 850.000 años cuyos originales pueden verse en el vecino Museo de la Evolución Humana, a la colección de arte contemporáneo de Luis Sáez o Modesto Ciruelos.
En total 10.000 hitos arqueológicos, históricos o artísticos que marcaron el devenir de la historia de Burgos. Unos pocos se muestran en un museo de 3.452 metros cuadrados, repartido en dos casas (Casa Miranda y Casa Íñigo Angulo) donde apenas hay hueco para algún objeto más. El museo espera desde hace años una ampliación que solo con pequeños arreglos logra suplir la carencia de metros cuadrados en las áreas de trabajo (depósito, restauración, sala de consulta) y la superficie expositiva.
EL CORREO DE BURGOS pidió al director del Museo Provincial de Burgos, Luis Araus, que eligiera cinco piezas que, más allá de los elementos destacables habituales, sean especiales. Los cinco se convirtieron en ocho.

Uno de los secretos con los que se cuenta la historia de Burgos en el Museo provincial
El pasado celta y los lobos en un vaso de cerámica
Lo descubierto en las eras de San Blas es una pieza “singular” que está “decorada con motivos que se interpretan como un zoomorfo en perspectiva cenital, una especie de símbolo relacionado con sus creencias religiosas o mitológicas que parece representar de manera esquemática un lobo en los dos lados del recipiente”, explica el arqueólogo del Museo y el mayor experto en la pieza, Jesús Abarquero Moras.
La singularidad del Vaso de los Lobos es el detalle y precisión que permite identificar los motivos. “Esa imagen se conocía, pero de manera muy esquemática en otras representaciones, se ha visto pintado en cerámicas, grabado en las funerarias de la necrópolis en la tapa de algunos hornos de viviendas de Pintia, pero con tanto detalle como aquí, no se había encontrado nunca”, destaca el experto en la cultura Vaccea.
El cuerpo es geométrico, esquemático, con las patas y las manos hacia adelante, la cabeza muy bien representada donde se aprecian orejas, ojos o fauces y de la boca sale una pastilla ovalada. “Es difícil de interpretar, yo creo que representa una torta de pan que el lobo, estaba de alguna manera protegiendo, teniendo en cuenta que probablemente el recipiente era para conservar trigo, el cereal para hacer el pan y considerado alimento sagrado en la cultura tradicional y localizado en una tierra y población ganadera pero también muy agrícola, podría ser ese el vínculo”, interpreta Abarquero.
Un recipiente que aún conserva restos de pintura y que apareció en fragmentos grandes. “La pintura se vio en un primer momento, es una iconografía muy habitual en estos vasos que los pueblos celtíberos pintan con motivos vinosos u oscuros”. Aunque lo que más llama la atención es su combinación con relieves. Las asas que son las patas de un zoomorfo…
Una vasija que ha tenido mucho interés entre los expertos. El especialista Martín Almagro Gorbea relaciona este vaso único por la posible vinculación de los Vacceos con el mundo celta del norte. “Este especialista considera que tiene una gran importancia porque da una vuelta de tuerca a la interpretación diciendo que puede estar representando una leyenda mitológica celta”, resume el arqueólogo.

Uno de los secretos con los que se cuenta la historia de Burgos en el Museo provincial
Teorema de Pitágoras en un vaso romano
La pieza data del siglo I y tiene muchos rasgos de las poblaciones celtíberas que vivían en la zona pero que ya están en contacto con los romanos. Contiene la inscripción del Teorema de Pitágoras. “Parece un encargo muy particular que alguien, por alguna razón, encargó al alfarero y no sabemos si podría ser de un lugar de enseñanza, de algún geómetra o arquitecto, alguien relacionado con este tipo de estudios”.
El vaso, además de su inscripción singular, es un ejemplo de la romanización que ejercía el imperio. “Los romanos dominan, gobiernan, dirigen el territorio con los puntos de poder, el gobierno militar pero no hacen una invasión o una sustitución, ellos se establecen con el mundo indígena que es va romanizando poco a poco pero también incorporan creencias de los sitios que conquistan y, en la península, están todas las creencias célticas que adaptan o incorporan de ahí que esta cerámica tenga mucha similitud con las prerromanas”, resaltan los expertos.
e hecho, este vaso, por su estilo, se identifica con el taller denominado ‘Los pedregales’, un alfar situado cerca de la ciudad romana de Clunia cuya producción se caracteriza por pastas claras, cerámicas realizadas a torno y decoradas con motivos vegetales y geométricos pintados. En la inscripción existe esa mezcla de estilos con el romano de las letras que acompañan el dibujo y números romanos con letra cursiva antigua.

Uno de los secretos con los que se cuenta la historia de Burgos en el Museo provincial
La Tésera de la fábrica textil de Sasamón
Entre la información que ofrece es que hay una fábrica de tejidos en Sasamón en aquel entonces, tenemos los nombres de los trabajadores sabemos cuántos hay, como se llaman, su oficio que algunos son esclavos, otros libertos y otros libres. “No sabemos nada de esa industria porque, además, al ser tejidos y un material orgánico prácticamente desaparece, pero aquí, la suerte, es que al ser un aplaca de bronce se conserva lo raro es que a lo largo de la historia el metal se funde y no se suele conservar como ha pasado con este”, remarca.
En las inscripciones de los nombres se observa que la romanización está muy avanzada. “los nombres indígenas ya han desaparecido, Paratus Marcialis, Candius Quintus…”. Una tésera singular que ha llegado hasta el siglo XXI para hablar de una industria textil poderosa y de la importancia de Sasamón en el Imperio Romano. Unas inscripciones que descubren una romanización casi completa. Un tesoro que rescata del olvido una parte de lo que fuimos.

Uno de los secretos con los que se cuenta la historia de Burgos en el Museo provincial
La cocina de Buniel que se abrió con las obras del AVE y cuyos objetos te sonarán mucho
Por esta zona discurría la antigua vía romana y el conjunto de vajilla y enseres está completo ya que quedó sepultado tras un incendio. “Es una foto fija de cómo estaba la cocina de esa casa romana, lo habitual es que las piezas de metal se reutilicen o se vendan, aquí quedó todo sepultado y nos da bastante información sobre la vida cotidiana”. Aquí se exponen algunas de las piezas que aparecieron pero “hay calderos, cazuelas, parrillas, cazuelas de barro, colador… que no hay mucha diferencia con lo que usamos hoy”, sostiene Araus.
Si visitan esta cocina romana del siglo IV dC podrán ver una inscripción de la familia romana a la que perteneció. “Hay platos con el grabado ‘discus plenus formosus’ es que quiere decir algo así como que hermoso eres plato cuando estas lleno”. Un ejemplo de la conocida ironía romana.

Uno de los secretos con los que se cuenta la historia de Burgos en el Museo provincial
El devenir de la historia: de Medina Azahara a Santo Domingo de Silos.
“Era muy habitual en la Edad Media que las piezas más lujosas, independiente mente de donde provengan, se empleen para fines litúrgicos, ellos las reciclan, las resignifican y las reutilizan”, remarca el director del Museo de Burgos. Está hecha de marfil, probablemente de un mismo colmillo de gran tamaño, con motivos de ataurique, hojas pequeñas, que es característico del arte andalusí. Es un estuche de juegos en un principio.
Este mancala tiene mucha historia. Fue encargado para una de las hijas del Califa Abderramán II, en el entorno del Califato de Córdoba. El objeto tiene inscripciones en árabe, cuatro en concreto, y una se dedica a una de las hijas, a la que no se nombra. “Es una pieza de altísimo lujo, muy costosa y riquísima propia, digamos, de una princesa”. Sobre cómo llegó aquí, hay que remontarse a las leyendas que forjan el inicio del reino de Castilla. “Se dice que el conde Fernán González la recogió en la batalla de Osma, pero, de eso, no hay constancia histórica, si se puede constatar que estuvo durante siglos en el Monasterio de Silos donde se utilizó como relicario”, remarcan en el Museo.
Con la desamortización de Mendizábal llega al Museo de Burgos. Otra de las piezas más antiguas de la colección. Tan singular es que fue robada a principios del siglo XX, cuando los grandes magnates norteamericanos tiraban del mercado negro para llenar sus villas de estilo español. Se recuperó para nunca abandonar el Museo donde se expone junto al rico legado del Monasterio de Santo Domingo de Silos.

Uno de los secretos con los que se cuenta la historia de Burgos en el Museo provincial
El tesorillo de Briviesca, dejar todo atrás para sobrevivir
Se sabe que era una familia de la judería de Briviesca y fueron localizadas en varios hallazgos seguidos desde 1938 hasta 1980 en la calle de los Baños de Briviesca. “Se sabe por la historiografía que allí había una judería muy floreciente, la pena es que no se han podido estudiar arqueológicamente porque es un atesoramiento, se enterraron al huir para, cuando las cosas se calmaran, volver a recuperarlas después, hoy sabemos que nunca volvieron a por ello”.
Las monedas son las que dan fecha a la acumulación del tesoro de una familia. En ellas se determina el año 1360 y se sabe, que es la época de Pedro I, y el saqueo de la zona se produce en 1366. “No sabemos si murieron, si pudieron volver y después no lo encuentran, pero es un hallazgo importante vinculado a un hecho histórico concreto y documentado y es algo muy raro de recuperar”, remarca Araús.
Y singular porque es uno de los conjuntos de orfebrería civil y de uso profano porque “lo que más hemos conservado es platería litúrgica, vinculada a las iglesias con una continuidad, pero la riqueza de una familia se divide, se vende, se cambia o se funde al pasar de una generación a otra y es difícil que lleguen a nuestros días”. Es, además, “uno de los pocos hallazgos en Europa de piezas de este tipo y, desde luego, es único en Castilla”, concluye.

Uno de los secretos con los que se cuenta la historia de Burgos en el Museo provincial
La mirada penetrante y la vista más antigua de Burgos
Fray Alonso de San Vitores es el protagonista de la imagen. “Es un benedictino muy importante, burgalés, y quien definió la orden de los Benedictinos porque era su superior general en España, pero también es obispo de ahí que se convine en la vestimenta el negro y el rojo por su doble condición de monje y obispo”, señala Luis Araus. Además de administrador máximo de la iglesia también fue un teólogo destacado. “Fue un intelectual importante de la orden benedictina del siglo XVII”.
La vinculación burgalesa del cuadro también es relevante. Se trata de la primera vista general de la ciudad de Burgos donde, de fondo, se observa el volumen original del Castillo, partes desparecidas como la Iglesia de la Blanca, la Iglesia de San Román o parte de la muralla. “Se hace con la estética barroca, desdibujada, con el cielo tormentoso que no son más que pinceladas, manchas que nos da la sensación del frío de Burgos pero que se adivina, al fondo, la vista de la ciudad desde la torre del Monasterio de San Juan”, explica.
Juan Ricci, también benedictino, juega con dos o tres colores en todo el cuadro, el rojo, el negro y algo de azul… “El pintor con muy pocas cosas es capaz de hacer un gran efecto”. Y la disposición de la pieza recuerda mucho al famoso retrato del papa Inocencio X de Velázquez por la posición del retratado, su fuerte carácter, el interés por los diferentes matices del rojo… Es uno de los lienzos más importantes de la colección del instituto de la calle Miranda.

Uno de los secretos con los que se cuenta la historia de Burgos en el Museo provincial
Ellas también pintan
Se trata de una obra depositada en el museo, que recuerda a esas tradiciones de los pueblos como las romerías y las procesiones. “La representación se centra en las mujeres claramente, los pocos hombres que aparecen están de lado o de espaldas, y por la ropa se definen las clases, la jerarquía y, también, son retratos que parecen, claramente, personas concretas lo que permite relatar diferentes historias en un mismo cuadro”.
Es un ejemplo de que “las piezas del museo están expuestas porque cuentan algo, esto no es una colección de piezas porque están bonitas, ni un acumular por acumular, están en la exposición permanente porque cuentan algo del pasado de nuestra provincia y aquí lo que vemos es una tradición muy clara de un momento concreto en los pueblos de Burgos”.