Así es la impresionante técnica que usa esta bodega de la Ribera del Duero para evitar que los viñedos se hielen
Dominio de Pingus coloca velas de parafina en las viñas para minimizar el daño de las heladas. El calor de las velas ayuda a elevar la temperatura de las capas de aire más bajas, que están pegadas a la viña, y permite protegerlas. Otra herramienta utilizada es el molino antiheladas

La bodega instaló velas en quince de sus hectáreas para paliar las heladas de abril de 2024.
Cuando lo que está en juego es la cosecha del año, toda precaución es poca. Mayo es un mes clave en la viticultura ya que el clima comienza a mejorar y la viña entra en una fase de rápido crecimiento. Sin embargo, aunque con la llegada de este mes desciende la posibilidad de sufrir las temidas heladas de primavera, dependiendo de las zonas, este riesgo puede existir hasta mediados de mayo.
Luchar contra la meteorología es prácticamente misión imposible, pero «todo esfuerzo es poco si se trata de salvar la añada del año». Así lo explica Iván Escudero, responsable de campo de la prestigiosa bodega Dominio de Pingus, en pleno corazón de la Ribera del Duero.
En la memoria de Escudero está la «gran helada del año 2017». Fue, precisamente, «a mediados del mes de mayo» y «acabó con la mayor parte de la cosecha del año de toda la Ribera del Duero», señaló. Y es que las heladas son uno de los grandes enemigos de las viñas.
Para luchar contra ellas, o al menos mitigar los daños, una de las técnicas más impresionantes- tanto a nivel de trabajo como a nivel visual- usada para combatir las temidas heladas y que el frío no eche a perder las uvas es la instalación de velas de parafina en los viñedos.
Este tipo de velas, de las que hay dos tamaños, no son un producto peligroso y están catalogadas como biodegradables lo que implica que es respetuoso con el medio ambiente y durante su combustión no se producen vapores nocivos.

Vela de parafina que se instala en los viñedos.
Las velas, que están colocadas en botes de latón, liberan calor y evitan que las capas bajas de aire, que son las más cercanas a las cepas, se enfríen demasiado. «El calor de las velas ayuda a elevar la temperatura y a mitigar, en la medida de lo posible, los daños que pueden causar las heladas», explica Escudero.
Y es que esta herramienta «puede lograr remontar dos o tres grados la temperatura», desde los -3ºC ó -2ºC. A partir de -4ºC y «si la temperatura es sostenida mucho en el tiempo, la posibilidad de éxito a pesar de usar las velas es muy baja y lo más posible es que se hielen las viñas», especifica.
Se instalan durante la tarde, «lo antes posible», porque su autonomía tiene una duración de entre «doce y catorce horas». Pero la instalación también está sujeta a algunos condicionantes. «Las tapas tienen que estar abiertas para que en el momento que se quieran encender esté todo listo para actuar lo más rápido posible, pero puede suceder que además de frío haya previsión de lluvia y ahí las tapas no pueden estar abiertas», especifica el responsable de campo. «Son momentos de estrés y tensión constante», asegura el profesional.
Escudero pone como ejemplo la helada de abril de 2024. «Fueron tres días de mucho trabajo y de muchos nervios», recuerda. Y es que tanto él como el resto de operarios trabajaron intensamente para evitar la congelación de las viñas del 21 al 23 de abril.
«La primera noche estaban las velas preparadas porque había una previsión de cero grados, pero justo la noche siguiente además daban lluvia, así que tuvimos que cerrar todas las velas para evitar que se mojaran y, de hecho, llovió», recuerda.
No es trabajo sencillo y es que se instalan trescientas velas por hectárea. «En este caso se instalaron velas en algo más de quince hectáreas de la bodega», apunta. Una instalación impresionante, que nunca se había realizado en la zona por el alto coste que supone y es que cada vela tiene un precio medio de diez euros. «En la Ribera del Duero las bodegas protegen una o dos hectáreas o algún viñedo al que tienen especial cariño con esta técnica, pero ni mucho menos quince hectáreas», señala Escudero.
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La visión de quince hectáreas iluminadas por velas fue «impresionante». Así lo recuerda Escudero. «Al coincidir con la celebración del Día de Castilla y León, vecinos de pueblos cercanos se acercaron a ver el espectáculo».
MOLINO ANTIHELADA
El mimo a las viñas no se queda ahí. Otra de las técnicas utilizadas por las bodegas para combatir las heladas son los denominados molinos antiheladas. Estas instalaciones permiten prevenir posibles daños en la viña moviendo la capa de aire frío y mezclándola con las superiores, que se encuentran a una mayor temperatura. «El molino arranca a partir de 1ºC», apunta Escudero. «Tiene un efecto muy rápido» y «complementa el efecto de las velas de parafina».
Ahora el riesgo de helada comienza a bajar, pero hasta que no llegue la vendimia los nervios no cesan y las bodegas miran al cielo esperando una climatología propicia.