Fervor por la tradición
Ni el sol abrasador disuadía a los devotos de la solemne fiesta del Curpillos en el barrio de Huelgas. El pendón recordaba el vínculo de esta celebración con la batalla de las Navas de Tolosa

Gigantillos y gigantones, a las afueras del Monasterio de las Huelgas, con motivo de la festividad del Curpillos.
Los primeros compases del órgano resonaban en el interior de la iglesia del Monasterio de las Huelgas con puntualidad. Con las autoridades civiles y militares en sus puestos, el arzobispo de Burgos, Mario Iceta, a los mandos, las anfitrionas ubicadas en el coro y el pueblo «de Dios» anónimo a la espera (dentro unos pocos y fuera los más remolones), daba comienzo la celebración solemne del Curpillos, un evento «único» que extiende a todo aquel que se aproxima, cual fuerza de gravedad por lo visto, el «ambiente contemplativo» de las religiosas que abren sus puertas para festejar. Así lo explicaba Jesús María Álvarez, párroco de San Antonio Abad y encargado de dar la bienvenida a la íntima eucaristía «por razón de espacio» que abría esta jornada «entrañable», según Iceta, agradecido también por la acogida a Patrimonio Nacional, entidad propietaria del emblemático inmueble (y los alrededores).

Celebración del Curpillos en el Monasterio de las Huelgas.
Un evento "único" y "entrañable"

Celebración del Curpillos en el Monasterio de las Huelgas.
"Eco del Corpus Christi" por adelantado

Celebración del Curpillos en el Monasterio de las Huelgas.
Un sol de justicia

Celebración del Curpillos en el Monasterio de las Huelgas.
El pendón, protagonista

Celebración del Curpillos en el Monasterio de las Huelgas.
Solemne desfile

Celebración del Curpillos en el Monasterio de las Huelgas.
Autoridades civiles y militares

Celebración del Curpillos en el Monasterio de las Huelgas.
La custodia, bajo palio

Celebración del Curpillos en el Monasterio de las Huelgas.