La inmigración femenina revierte la caída demográfica de la ciudad de Burgos
El empuje de la inmigración femenina sostiene el crecimiento de la población en Burgos. Entre 2021 y 2025, el padrón local creció en más de 5.000 personas impulsado muy principalmente por la llegada de población extranjera

Participantes en la fiesta de la Colombianidad, este mes de julio en Capiscol.
Entre los años 2021 y 2025, la ciudad de Burgos ha experimentado un cambio demográfico significativo, marcado por un punto de inflexión muy concreto que ha modificado el rumbo de la evolución poblacional dándo un giro de 180 grados que ha llevado a la capital burgalesa a ganar nuevos residentes tras un periodo de declive poblacional. Esta transformación tiene acento foráneo, ya que el avance del censo se debe casi exclusivamente a la incorporación sostenida de personas extranjeras más que a una recuperación del saldo natural de nacimientos y defunciones o a un incremento de la población nacional, que sí se produce pero es mínimo.
A mayores, cabe señalar que en la fase más reciente de este proceso de efervescencia poblacional, son las mujeres inmigrantes quienes están nutriendo el crecimiento del censo, de forma que se corrigen, además, un patrón anterior de predominio masculino dentro del colectivo de personas de procedencia extranjera. De otra parte, es preciso señalar, igualmente, que también cambia el acento del español con el que se expresan los nuevos vecinos que han llegado recientemente a Burgos y si antes predominaban las voces del Este de Europa y Marruecos, actualmente predominan las diferentes tonalidades del español de procedencia sudamericana. Y en femenino.
Burgos
Colombia, Venezuela y Perú lideran la llegada de mujeres extranjeras a Burgos
El Correo de Burgos | El Mundo
El periodo de tiempo en el que se ha verificado esta transformación censal arranca con una señal de alarma, ya que entre 2021 y 2022, el padrón municipal se redujo en 957 personas. Aunque la magnitud de la pérdida podría parecer menor en términos absolutos, el dato revelaba una tendencia de fondo que ponía en cuestión la capacidad de la ciudad para sostener su cifra de población. La contracción venía explicada por la caída sostenida de la población de nacionalidad española, que mostraba síntomas permanentes de desgaste estructural por un saldo vegetativo negativo y la falta de reposición generacional. En conjunto, entre 2021 y 2025, la población nacional perdió 1.542 personas.
El peso decisivo de la inmigración
Sin embargo, este deterioro se frenó en seco en 2023. Durante ese año, el censo dejó atrás la trayectoria descendente y registró una ganancia neta de 1.388 personas. Fue el inicio de una recuperación continuada, que mantuvo su ritmo en los ejercicios siguientes. Entre 2023 y 2024 se añadieron otras 1.966 personas al padrón. Entre 2024 y 2025, el número volvió a crecer con 1.819 nuevos residentes. La suma total en los tres años de crecimiento alcanza las 5.173 personas, lo que contrasta con la pérdida anterior y marca un cambio de ciclo demográfico en la ciudad.
La evolución del censo burgalés durante este periodo se explica por el aumento de población extranjera. Las cifras muestran que ese grupo aportó el grueso del crecimiento, en un contexto en el que la población nacional seguía en retroceso. La ganancia neta de residentes con nacionalidad extranjera fue de 5.758 personas. Esa aportación fue suficiente para compensar el descenso de los residentes nacionales y también para estabilizar el padrón en cifras positivas de forma sostenida.
Dentro de este proceso, la evolución por sexos ofrece una lectura que no hay que pasar por alto porque evidencia también un cambio de tendencia muy significativo. En los primeros momentos de la recuperación demográfica, la población masculina extranjera tuvo un papel principal, ya que entre 2022 y 2023, los hombres recién llegados sumaron 1.200 personas al censo, el mayor incremento anual del periodo para ese grupo. Su incorporación fue decisiva para revertir la tendencia de caída.
Evolución diferenciada por sexos
Pero ese impulso no se mantuvo con la misma intensidad, puesto que a partir del año siguiente, el ritmo de llegada de varones extranjeros empezó a disminuir. Entre 2023 y 2024, se sumaron 830. Entre 2024 y 2025, la cifra bajó aún más, con solo 531 nuevos inscritos. Esa desaceleración progresiva refleja una pérdida de empuje por parte de los flujos masculinos, que coincide con un fenómeno económico que han puesto de manifiesto en reiteradas ocasiones las organizaciones sociales, como es la falta de mano de obra en varios sectores productivos.
El comportamiento de las mujeres extranjeras, en cambio, ha mostrado una continuidad creciente a lo largo de estos años, ya que mantuvieron su ritmo de incorporación al padrón y lo incrementaron en el último tramo del periodo, correspondiente a 2024-2025, cuando la llegada de mujeres sumó 1.275 personas, más del doble que los hombres. Este dato confirma que el crecimiento reciente está siendo impulsado sobre todo por ellas.
Feminización del crecimiento migratorio
El balance global del periodo refuerza esta conclusión, puento que en sólo cinco años, la población femenina extranjera en la capital burgalesa aumentó en 3.182 personas. La masculina creció en 2.576. Aunque en números totales aún hay más hombres que mujeres dentro del colectivo inmigrante en Burgos, la dinámica de crecimiento evidencia el protagonismo que están ganando las mujeres asumiendo el papel de motor principal del incremento poblacional.
La feminización del crecimiento migratorio se ha convertido en el rasgo definitorio de esta etapa, puesto que la incorporación constante de mujeres extranjeras además de que sostiene el aumento del censo en un momento de pérdida de población nacional, también está equilibrando el perfil de género dentro del propio colectivo extranjero.
Esa presencia creciente de mujeres migrantes implica nuevas formas de inserción en el territorio, con efectos en el empleo, la educación, la atención sanitaria y las redes de servicios sociales. La realidad de Burgos se está reconfigurando al ritmo de estos movimientos, que responden a una coyuntura que ha dejado de ser puntual, para transformase en a una dinámica estable que ha ganado fuerza desde 2023.