El Correo de Burgos

Sin medias tintas contra Pedro Sánchez, Óscar Puente y las monjas de Belorado

La Pascuala da la bienvenida a 2026 reivindicando la reapertura del Tren Directo a pesar de que «nos tratan como a tontos»

Miguel Ángel Salinas, con El Jaleíto lleno, durante su intervención en La Pascuala.

Miguel Ángel Salinas, con El Jaleíto lleno, durante su intervención en La Pascuala.SANTI OTERO

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«Si dijera todo lo que hay que decir, estaríamos aquí este mes y el que viene». Con pecho palomo y algún que otro ripio escrito casi sobre la marcha en sus folios impresos, Miguel Ángel Salinas ya dejaba entrever de antemano que La Pascuala 2026 venía cargadita. De ironía y muy mala leche, con más carbón si cabe que otros años para quienes, a su juicio, no merecen ni un mísero regalo por parte de los Reyes Magos. Con El Jaleíto repleto de incondicionales, vermú en mano o con los teléfonos móviles inmortalizando la escena, arrancaba una «tradición burgalesa única en el mundo, casi centenaria, que no quisiéramos por nada que se perdiera».

La primera en la frente para «cuatro mangantes» a borde de un Peugeot. José Luis Ábalos, Santos Cerdán, Koldo y Pedro Sánchez como «jefe del clan». Fuera de la foto, pero también presente, el «ilustrísimo señor Zapatero» en el papel de «amigo de Putin y de Maduro». De camino al Gobierno con «mil promesas de ética y moral», no les quedaba más remedio que detenerse cuando había «luces rojas y verdes» para que «Ábalos se la pusiera a refrescar».

«Hasta ahora, lo único que han hecho ha sido mangar, mangar y mangar», proseguía Salinas, dispuesto a rizar el rizo -con más cabreo que sentido del humor-, acusando al Ejecutivo de Sánchez de aliarse con «traidores y asesinos» que «no tienen otro objetivo que destruir España». Poca sorna llegados a este punto, aunque de ahí pasase a anunciar una nueva marca comercial: «Supermercados La Moncloa, donde se venden chistorras, lechugas a tutiplén y bolsas especiales para guardar el parné».

Raro hubiese sido que el ministro de Transportes, Óscar Puente, se librase de la quema. Dedicándole lindezas como «cabrón» y «ruin», reprochó su negativa a reactivar el Tren Directo entre Burgos y Madrid con parada en Aranda de Duero. A mayores, Salinas se dirigió nuevamente a «'Troglopuente' el de Atapuerca» para dejar claro que «los burgaleses iremos a la guerra, pero tenga usted por seguro, pucelano indecente, que veremos abierto el túnel de Somosierra».

Dejando la política brevemente a un lado, la voz cantante de La Pascuala lanzó algún que otro dardo a esas «monjitas de Belorado» que «tanta fama han cogido en todo el país». No es para menos, pues «se han dado tal maña y destreza que ahora las llaman las 'desguazaconventos'».

A gusto se quedó Salinas con su singular epístola concluyendo que «nos tratan como a tontos». Dicho todo esto, que «con un volumen del Quijote no terminaría de contar lo que están haciendo los que nos quieren dar lecciones de moral», llegaba el momento de entonar La Pascuala. Dos veces, además. La primera, a modo de ensayo para los novatos. La segunda, con más ímpetu, para que el «dala, dala» resonase por los alrededores de la plaza del Rey San Fernando.

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