El pequeño pueblo de Burgos donde Delibes dejaba de ser escritor para ser simplemente 'el abuelo'
Germán, maestro y nieto el escritor, desvela el lado más humano de la figura literaria en ‘El abuelo Delibes’. En el libro, apunta que la localidad burgalesa de Sedano tuvo un enorme peso en la vida del escritor vallisoletano y allí vivió «algunos de los momentos más felices junto a su familia»

Germán posa con su abuelo Miguel Delibes en La Casona de Sedano.
Para los amantes de la literatura, Miguel Delibes es el autor de ‘El camino’ o ‘El hereje’, el académico de la lengua y el eterno candidato al Nobel. Pero para una veintena de personas en el mundo, Miguel Delibes fue durante años simplemente ‘el abuelo’. El que daba la propina a escondidas, el que se vestía de rapero en Nochevieja para hacer reír a sus hijos, veía el Tour de Francia tumbado en el sofá y el que encontraba la paz y la tranquilidad en la figura de su mujer, Ángeles de Castro, de quien dijo que sin ella era solo «media persona».
Muchos de esos recuerdos tienen un escenario común, la pequeña localidad burgalesa de Sedano. Así lo asegura Germán Delibes, nieto del escritor y maestro de profesión, que el pasado diciembre presentó su libro ‘El abuelo Delibes’, en un emotivo acto en celebrado en la capital burgalesa.
El libro es «un testimonio entrañable y cercano de la faceta familiar de Miguel Delibes y busca humanizar al mito literario». Acompañado por Fernando Zamácola, director de la Fundación Miguel Delibes, Germán desgranó los pilares que sostuvieron la vida de su abuelo, basándose en la máxima que el propio autor defendía y que se centraba en que «para escribir una novela hacían falta tres elementos: un hombre, un paisaje y una pasión».
Precisamente en Sedano, el vallisolentano encontró un «auténtico refugio» y «allí vivió algunos de los momentos más felices de su vida junto a su familia». En la localidad burgalesa, Delibes «se sentía un vecino más». Jugaba al tenis y paseaba a sus perros Allí, asegura su nieto, «encontró la plenitud y una intensa felicidad». En Sedano nacieron muchos de sus personajes y allí se fraguó el universo familiar de los Delibes de Castro. El maestro recuerda que su abuelo solía decir que «era como un árbol que crece donde lo plantan» para «demostrar su lealtad inquebrantable a Valladolid, a Sedano y a sus paisajes castellanos».
Así lo relató su nieto Germán en el acto de presentación del libro que recoge todas estas vivencias. Lo hizo, precisamente, compartiendo anécdotas que humanizan al genio, como el día en que «los nietos casi queman la casa jugando con cerillas, provocando el enfado más terrible» que recordaba del escritor.

Instantánea familiar de Can Corzo, Germán Delibes y Pepi Caballero junto a Delibes en Sedano.
Hoy, una estatua de bronce le recuerda sentado en un banco en actitud lectora. «Mi abuelo nunca habría permitido semejante homenaje en vida; él solo quería pasar desapercibido», bromea Germán. Y, sin embargo, Delibes sigue muy vivo para los lectores a través de todas sus obras. «Quince años después de su fallecimiento, se siguen reeditando sus libros y firmando traducciones».
Ahora su nieto quiere que también lo haga su figura más familiar e íntima y que quien disfruta con sus lecturas, también lo haga descubriendo su vida personal, su forma de ser , la relación con sus hijos y nietos y su intensa unión con Burgos.
Una vida intensa
El éxito de su abuelo no fue gratuito. Su maestría con las letras fue fruto de una precocidad asombrosa y es que «a los 27 años, Miguel Delibes ya compaginaba su labor como redactor en El Norte de Castilla con la docencia en Derecho Mercantil y la creación literaria».
Pero antes de dedicarse a las letras, vivió un episodio complicado y marcado a fuego en la historia de España, la Guerra Civil. El joven Delibes se alistó en la Marina para evitar el combate cuerpo a cuerpo. «Tenía un pánico enorme a matar a sangre fría a un ser humana y prefería la impersonalidad de un barco», explica su nieto.
Esa sensibilidad no solo marcó su vida personal, también su etapa profesional. Delibes entró en El Norte de Castilla con una carpeta de caricaturas bajo el brazo. Su ascenso fue meteórico, pero su paso a la dirección del periódico estuvo marcado por el conflicto y le costó enfrentamientos directos con el régimen franquista.
Su nieto Germán mostró dedicatorias inéditas de 2008 donde el escritor aún recordaba sus pugnas con Manuel Fraga, que por aquel entonces ostentaba el cargo de ministro de Información y Turismo. «A Fraga no le gustaba nada que yo denunciara que Castilla estaba abandonada», señalaba el texto. Cuando la censura le cerró las puertas del diario, Delibes utilizó la novela como «refugio para seguir gritando las verdades que el periodismo oficial callaba», recuerda. Germán recordó cómo su abuelo rechazó dirigir el diario El País a pesar de las tentadoras ofertas económicas y de ocio. «Llegaron a ofrecerle un coto de caza», recuerda entre risas el maestro.
El motor de su vida
El cierre de la crónica de una vida plena se centra en el motor emocional del escritor, su esposa Ángeles de Castro. Su muerte, en 1974, rompió el equilibrio y la producción literaria de Delibes, quien tardó tres años en volver a escribir. De hecho, la obra ‘Señora de rojo sobre fondo gris’ es el homenaje amoroso de un hombre que nunca superó la pérdida de su mujer. «La mejor mitad de mí mismo ha muerto», dejó escrito al ingresar en la RAE.
Hoy, la herencia de Miguel y Ángeles se resume en la letra X. «Mi abuelo usaba en sus caricaturas de juventud la firma MAX, la unión de Miguel, Ángeles y la X del futuro incierto que tenían como pareja, pero que tuvo como resultado una relación sólida y una gran familia», recuerda el maestro.
Hoy sus 18 nietos y 19 bisnietos visten esa firma con orgullo en forma de camisetas cada verano. Bajo el lema ‘La X somos todos’, la familia Delibes continúa con su legado con una fundación que no solo cuida los textos del autor, sino que «quiere mantener encendida la llama de un hombre que, por encima de todo, amó a Castilla y a los suyos».