Julio Huerta: «Las asociaciones locales fueron las primeras en dar de comer y limpiar las calles tras la DANA»
El director de la Fundación Horta Sud ha sido el protagonista de la jornada organizada por Fundación Caja de Burgos para reflexionar sobre el futuro del movimiento asociativo. La entidad ha impulsado, junto a otras fundaciones, un fondo común de 415.000 euros para la recuperación de la comarca valenciana

Julio Huerta en un instante de su intervención durante la jornada organizada por Fundación Caja de Burgos.
El Foro Solidario de la Fundación Caja de Burgos se ha convertido en el centro de debate sobre el futuro del Tercer Sector en España. Bajo el título ‘Por qué es importante el movimiento asociativo y cómo fortalecerlo’, la jornada ha servido para presentar un modelo de colaboración y de trabajo en red como herramienta clave para una lograr una sociedad más justa, solidaria y democrática.
«Este encuentro busca abrir una reflexión estratégica sobre el futuro de las fundaciones y entidades sociales, promoviendo alianzas estables que permitan afrontar de manera más eficaz los desafíos sociales, mejorar el impacto de las intervenciones y avanzar hacia modelos de cooperación más sólidos y sostenibles». Así lo explicó Carmen Hernando, responsable de Cohesión Social y Medio Ambiente de la Fundación Caja de Burgos.
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Un ejemplo tangible de esta colaboración es la alianza liderada por la Fundación Gutiérrez Manrique, administrada por la Fundación Caja de Burgos. Junto a otras ocho fundaciones españolas, han constituido un fondo común de 415.000 euros para apoyar el Plan de Recuperación Estructural de l’Horta Sud hasta 2028 después de que la comarca fuera arrasada por la DANA en octubre de 2024. «Esta unión multiplica el impacto que cada una de las fundaciones tendría por separado y es la prueba de que el trabajo en red nos permite llegar mucho más lejos», afirmó.
El protagonista de este encuentro, que por la tarde celebra una charla abierta a la ciudadanía en Foro Solidario a partir a 19 horas y bajo el lema ‘Cuando la comunidad sostiene. Un año de respuesta y desarrollo comunitario después de la DANA’, es Julio Huerta, director de la Fundación Horta Sud, quien ha ofrecido un crudo relato de la situación actual, un año y tres meses después de la catástrofe.
Huerta ha puesto en valor la «solidaridad sin prisas» de la Fundación Caja de Burgos y del pueblo burgalés, destacando que el apoyo recibido «ha sido fundamental para que ninguna de las mil asociaciones que estaban instaladas en la zona cero tuviera que cerrar».
Asociaciones y entidades «han desempeñado un papel clave en la respuesta a la emergencia y en los procesos de recuperación social y comunitaria, poniendo de relieve la importancia del tejido asociativo como pilar de cohesión y resiliencia en los territorios», aseveró Huerta, al tiempo que afirmó que «han permitido que una circunstancia que dejó una herida social y colectiva muy fuerte no se convierta en trauma porque han sido las primeras en ponerse manos a la obra».
Para Huerta, la lección de la DANA es que «la respuesta ante una emergencia no se puede improvisar, sino que debe nacer de una red de complicidad social trabajada previamente». Una forma de trabajar y de movilizarse que las asociaciones llevan de serie. «Las asociaciones locales fueron las primeras en organizarse para dar de comer y limpiar las calles», recordó, insistiendo en que «la recuperación no es solo material, sino emocional».
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Preguntado por la realidad actual de la comarca valenciana, Huerta advirtió que la normalidad es aún un horizonte lejano. «Tenemos 700 ascensores que todavía no funcionan, colegios que son solares y un alcantarillado bloqueado por barro que con el paso del tiempo se ha convertido en cerámica y que provoca inundaciones cada vez que llueve un poco», señalaba como ejemplo. De hecho, Huerta apuntó que este es el momento de preguntarse si se quiere volver a la realidad que había antes de la DANA. «Se ha estado construyendo en barrancos y la mitad de nuestro territorio está sin asfaltar», recordó y apostó por «construir un futuro más seguro y sostenible para nuestra comarca».
Y es que la realidad a pie de calle sigue siendo compleja. «La reconstrucción es un proceso a largo plazo que va más allá de lo material porque también se trata de curar una herida social profunda». Por eso, el fondo común no solo permite rehabilitar o comprar locales, sino que «trabaja en recuperar la memoria colectiva con proyectos como la recuperación de fotos de las familias afectadas».
De cara a un futuro próximo, el responsable de la entidad señaló que «lo más importante ahora es que esta red de entidades se engrase a nivel nacional y trabaje la resiliencia en los territorios por lo que pueda venir».