Burgos pierde 400 comercios desde la pandemia: cinco al mes en el último año
La provincia registra un descenso de negocios de venta al por menor del 16% en una década. El sector habla de unas rebajas «irregulares» marcadas por el temporal reciente y ve en el mercado online su «talón de Aquiles»

Comercio cerrado en plena Plaza Mayor de la capital burgalesa.
La provincia de Burgos perdía alrededor de 400 tiendas desde el inicio de la pandemia, según los datos del Directorio Central de Empresas (DIRCE), elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE). En concreto, la información referida a unidades locales activas (empresa o una parte de ella, bien sucursal, sede, tienda o taller, situada en una ubicación geográfica concreta) arroja una caída progresiva de la actividad económica vinculada a los establecimientos dedicados a la venta al por menor, tendencia que, lejos de mitigarse superada la crisis sociosanitaria, se ha intensificado en los últimos años. De hecho, mientras que entre 2019 y 2022 se perdían 194 comercios, desde 2022 hasta 2025 el total asciende a 319. El saldo negativo del último año es de 69, lo que implica que, de media, hasta cinco tiendas echaban el cierre cada mes.
La evolución de la última década dibuja un descenso aún más acusado. Desde el máximo de ese periodo alcanzado en 2017, el número de establecimientos disminuía cerca de un 16%, con más de 700 menos en el conjunto de la provincia. Lejos quedan, pues, las 4.432 unidades locales activas en aquel ejercicio de las 3.700 actuales.
El ajuste, según se desprende de los datos del INE, afecta especialmente al pequeño comercio y a los negocios familiares, los más vulnerables a la competencia de grandes cadenas y plataformas digitales.
La estadística refleja que casi 300 tiendas sin asalariados desaparecían en la provincia desde la irrupción del coronavirus, al pasar de 2.081 en 2019 a 1.782 en 2025. El ajuste afecta, por tanto, principalmente a los establecimientos regentados por autónomos y negocios familiares. En términos globales, tres de cada cuatro cierres registrados desde 2020 corresponden a comercios sin empleados.
Coinciden las cifras con la llamada de auxilio de los que aún sobreviven en el sector. Las agrupaciones de comerciantes de la ciudad reclaman en este sentido más apoyo de las administraciones para afrontar retos que se multiplican y que van desde el evidente cambio de hábitos de consumo hasta la presión al alza de la venta en línea, el «talón de Aquiles» para los negocios de proximidad. Así lo entienden Pilar Gil y Vanesa Cuesta, representantes de Centro Burgos y Zona G, que coinciden en que el comercio atraviesa «una época un poco complicada» ante la que, aseguran, resulta clave reforzar la colaboración y mantener un diálogo permanente con el Ayuntamiento para impulsar medidas que ayuden a sostener la actividad.
El balance de la campaña de invierno ilustra la situación que describen. Y es que, aunque «la campaña de invierno ha ido bien», con un inicio impulsado por el frío, el Black Friday, la campaña municipal de bonos al consumo y una buena Navidad, el tramo final ha resultado «más irregular» de lo esperado, condicionado por las lluvias y un temporal que disuade de salir de compras.
A esta incertidumbre se suma la ya citada competencia digital, señalada sin rodeos por el sector como su principal desafío, un factor estructural que condiciona la evolución del comercio de proximidad, que se ve en apuros para plantar cara al mercado online, pese a jugar con las interesantes bazas a favor del trato personal y la cercanía.
Las asociaciones reclaman que se apueste por los negocios físicos, pues «dan vida» a la ciudad, y piden reforzar el diálogo con la administración local para trasladar de forma efectiva sus necesidades. Defienden una vez más la continuidad de iniciativas como los bonos al consumo, aunque, insisten, con ajustes en su calendario, para que se pongan en circulación en «los meses en los que el comercio los necesita más».
El Ayuntamiento, por su parte, reconoce la delicada situación del sector y trabaja ya en nuevas líneas de apoyo, según asegura el concejal de Comercio, César Barriada, para subrayar que su dinamización es «prioritaria» para la ciudad.
Lo evidencia, a su juicio, la intención de redactar un nuevo plan estratégico para tal fin que sustituya al que finalizaba en 2025 y que conjugue las aportaciones de las agrupaciones y entidades empresariales del sector, con el que mantendrán reuniones «para analizar qué medidas han funcionado y determinar qué nuevas iniciativas deben impulsarse». Entre las líneas de trabajo a explorar, Barriada destacó la adaptación al comercio en línea (aunque las asociaciones no ven demasiada utilidad a la plataforma conjunta que pretende impulsarse), la logística de última milla, el relevo generacional de los negocios y nuevas acciones de impulso.
Además, a los 350.000 euros presupuestados para tal fin, podrían sumarse un millón y medio más que se destinaría a la campaña de bonos y a otros proyectos que puedan consensuarse. Sin embargo, disponer de esta cuantía dependerá de que el equipo de Gobierno logre alcanzar un acuerdo con alguno de los grupos políticos de la oposición, alianza que no ha sido posible para aprobar las cuentas municipales.