El calvario de un comerciante por cinco goteras: «Me veo obligado a liquidar para cambiarme de local»
La desatención de la comunidad de vecinos asfixia a un negocio local que se ve obligado a liquidar su stock para financiar un traslado urgente por culpa de las constantes filtraciones.

Imagen de la parte dañada de la tienda que está cerrada al público y parte de los productos dañados e inservibles para la venta.
Las estanterías azules invitan a entrar en un local plagado de pequeños electrodomésticos y menaje del hogar, hasta que el cliente se topa con una pared de plástico blanca con un cartel claro: ‘No pasar’. La razón se adivina al mirar al techo: un gran agujero y un pequeño andamio, junto al material echado a perder, se apilan al final de la tienda, Quod. Cinco goteras han terminado por acabar con el nuevo modelo de negocio que ya se había asentado en la calle Madrid.
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No ha sido fácil. El gerente ideó un espacio de taller para reacondicionar elementos de segunda mano o devueltos a grandes comercializadoras. Aquello dejó de ser rentable y cambió el nombre del establecimiento. Quod se especializó entonces en producto nuevo, «que da menos trabajo», de temporada. Puede alcanzar precios competitivos al comprar con un año de antelación respecto al momento en que el producto llega al lineal del comercio.

Cartel que indica que la mitad de la tienda es inaccesible al público.
«Es un negocio que funciona hasta que circunstancias ajenas a nosotros nos han hecho desplomarnos un 75% en las ventas respecto a enero, que ya de por sí es el peor mes del año. Febrero ha sido un desastre», explica el gerente del establecimiento. Las goteras están mermando su paciencia y, asegura, ahuyentando a la clientela. Desde septiembre han ido apareciendo filtraciones: las primeras en el almacén y en la zona del patio. Casi resuelto ese asunto, no han dejado de surgir nuevas.
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La última, la más grande, se encuentra en medio de la tienda. Es la quinta gotera y, sin haber resuelto con los seguros las anteriores, supone una amenaza definitiva para su proyecto. «Algunos de los daños por goteras se han cubierto, otros están judicializados, pero de esta última solo ha venido el perito de mi seguro», lamenta. Ante esta situación, se ve obligado a cambiar de local y liquidar existencias. «La respuesta de la administración de la comunidad no llega. Me he desfondado y tengo que afrontar los pedidos del verano», explica.
Se ve lejos de donde empezó a tomar forma su idea de comercio. «Me tendré que ir de este local porque esta idea de negocio funciona. Lo único que busco es poder trabajar y, para evitar descapitalizarme, voy a tener que liquidar productos», avanza.
El sistema de compraventa al por mayor tiene plazos exigentes: lo que se gana en una tanda se reinvierte en la siguiente. «Se pide con un año de antelación. Ahora estás mirando la Navidad de final de año. Hace un año compré todo el material de verano que me tiene que llegar en abril y necesito poder abonarlo; si no, pierdo esa relación comercial, que es lo que más cuesta conseguir», sentencia.
«Cuando me voy, no sé qué voy a encontrar mañana»
El establecimiento cuenta con tres trabajadores y otro a media jornada. Da por perdidos los gastos en publicidad y los vinilos del local donde figura su actual dirección. Lamenta que «hay burocracia en la administración de la comunidad cuyo ritmo no es el que debiera. Estimo al propietario del local, que me está dando todas las facilidades, y a algunos vecinos que han venido a ayudar. No me he sentido solo, pero tengo compromisos que asumir y, además, la tienda no está funcionando», señala. Se plantea litigar, pero los plazos son imprevisibles porque, en los primeros problemas, la respuesta -explica- no fue rápida.
Tres de las goteras se han producido en el sótano; una, en la parte trasera de la tienda, no visible al público; y la quinta, en plena zona de expositores, ha dejado inservible de la noche a la mañana todo el material expuesto. «Esto te quita años de vida. Cuando me voy, no sé qué encontraré mañana».
Este emprendedor inquieto se ha reinventado en muchas ocasiones y lamenta que esta situación sobrevenida le obligue a empezar de nuevo. «Me da rabia porque, después de haber logrado el objetivo, se haya fastidiado todo por causas ajenas. Si la culpa es mía, la asumo y aprendo de mis errores, pero cuando no depende de ti, ni de tu funcionamiento, ni de la tienda, ni de la idea, sino de terceros que, además, no responden o tardan en hacerlo, es frustrante», concluye.