La Universidad Isabel I analiza el nuevo equilibrio entre Europa y los estados hispanoamericanos
El IV Congreso UE-CELAC abordó en la Universidad Isabel I el giro de la cooperación birregional tras el acuerdo con Mercosur, la competencia geopolítica, la transición energética y las dificultades jurídicas para avanzar hacia una relación más estable.

Durante las jornadas, el profesor Ronan Ciréfice, el presidente de IELEPI Carlos Francisco Molina del Pozo y la profesora Georgina Alejandra Guardatti.
La relación entre Europa e hispanoamérica atraviesa una fase de reajuste en el que pesan a la vez la transición energética, la competencia entre bloques, la necesidad de asegurar cadenas de valor y la defensa del Estado de Derecho. Ese fue el eje del IV Congreso sobre las relaciones entre la Unión Europea y la CELAC, celebrado en la Universidad Isabel I junto al Instituto Eurolatinoamericano de Estudios para la Integración, con la participación de especialistas, juristas y representantes institucionales de ambos lados del Atlántico.
El encuentro llegó en un momento marcado por el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur, firmado el pasado 1 de mayo, y por la búsqueda de nuevas alianzas en un escenario internacional menos estable. La cooperación birregional, plantearon los ponentes, ha dejado de apoyarse únicamente en afinidades históricas o culturales y se mueve ahora entre intereses estratégicos concretos, exigencias regulatorias, seguridad jurídica, autonomía energética y capacidad de respuesta ante crisis globales.
Durante la apertura, el rector de la Universidad Isabel I, Alberto Gómez Barahona, destacó la relevancia del acuerdo UE-Mercosur y defendió el fortalecimiento del derecho internacional y de los espacios de cooperación. El presidente del IELEPI, Carlos Francisco Molina del Pozo, vinculó el avance de las relaciones entre ambas regiones con el papel de la universidad como lugar de análisis en debates internacionales cada vez más complejos.
La conferencia inaugural, a cargo del eurodiputado Juan Fernando López Aguilar, situó el Estado de Derecho como uno de los elementos centrales de la acción exterior europea. En su intervención recordó que «la Unión Europea es, ante todo, una unión de valores», una idea que atravesó buena parte de los debates posteriores sobre democracia, seguridad, independencia judicial y calidad institucional.
Seguridad, crimen organizado y gobernanza
La primera jornada abordó la seguridad internacional, la gobernanza democrática y el impacto del crimen organizado en distintos países americanos. El profesor Ronan Ciréfice advirtió del peso estructural del narcotráfico como amenaza para el Estado de Derecho, mientras otros participantes señalaron que la fragmentación global obliga a reforzar los mecanismos de cooperación institucional.
La CELAC es la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, un organismo intergubernamental que agrupa a los países de América y el Caribe, sin Estados Unidos ni Canadá.
Funciona como un foro político de diálogo y concertación entre sus miembros. Su objetivo es coordinar posiciones comunes en asuntos internacionales, impulsar la cooperación regional y actuar como interlocutor conjunto ante otros bloques, como la Unión Europea.
También se analizó la dificultad de trasladar a la CELAC, la esquemas de integración comparables a los de la Unión Europea. La ausencia de una arquitectura jurídica vinculante limita la capacidad de decisión común, aunque los procesos regionales americanos han acumulado avances en las últimas décadas. En ese punto, el debate giró hacia la necesidad de reformas jurídicas e institucionales que permitan mejorar la coordinación entre países sin ignorar sus diferencias políticas, económicas y normativas.
El congreso abordó además el efecto de las nuevas reglas europeas sobre comercio, sostenibilidad y producción. Ignacio Bertasaghi analizó el impacto del Pacto Verde Europeo en las relaciones con Mercosur y las dificultades de algunos países para adaptarse a exigencias regulatorias que condicionan el acceso a los mercados. Esa dimensión económica dejó una de las claves del encuentro: la cooperación futura dependerá tanto de la voluntad política como de la capacidad de convertir los acuerdos en condiciones prácticas para empresas, administraciones y ciudadanos.
Energía, cadenas de valor y autonomía estratégica
La segunda jornada se centró en el relanzamiento de las relaciones entre la Unión Europea y la CELAC después de años de menor intensidad política. La transición ecológica y la búsqueda de autonomía estratégica aparecen como dos motores de acercamiento, especialmente en materias primas, energía, industria, investigación y seguridad económica.
En ese contexto, varios ponentes defendieron el refuerzo de las cadenas de valor birregionales y una cooperación económica más estructurada, capaz de resistir los cambios políticos y las tensiones comerciales internacionales. También se advirtió de la distancia que a menudo separa las declaraciones institucionales de los resultados efectivos, una brecha que condiciona la credibilidad de los acuerdos entre ambas regiones.
El bloque final se dedicó a la cooperación regional y a la gobernanza multinivel. Se trataron cuestiones como la evolución del Sistema de la Integración Centroamericana, la protección de ciudadanos europeos residentes en el continente americano, el Estatuto Migratorio Andino, la reforma de Mercosur y la armonización de estándares democráticos y jurídicos.
El congreso concluyó con una idea común: la relación UE-CELAC afronta un momento decisivo y necesita instrumentos más sólidos para transformar su potencial estratégico en proyectos concretos. La cooperación entre Europa y América Hispana se juega ahora en ámbitos tan diversos como la seguridad, la energía, el comercio, la investigación y el fortalecimiento institucional, con el reto de convertir la afinidad histórica en una alianza útil en el nuevo equilibrio global.