El imán de Ojo Guareña. Se confirma el uso como santuario desde hace 13.500 años
La sala Keimada fue un recóndito espacio simbólico de arte rupestre que pudo sustituir a Altamira para poblaciones del norte de España / «La exploración está en nuestro ADN»

Sala Keimada que fue utilizada como santuario paleolítico desde hace 13.500 años hasta la Edad del Hierro.
La sala Keimada es un espacio amplio ubicado a 290 metros de la entrada al complejo de cuevas de Ojo Guareña. Para acceder a ella hay que superar una estrecha gatera de 19 metros de largo y13 metros de ancho, que no alcanza el medio metro de altura. Se trata de la zona más inaccesible del complejo de Cueva Palomera. A pesar de ello, fue visitada y explorada en distintas incursiones desde hace 13.500 años hasta hace 2.000.
«Aquellos hombres eran auténticos exploradores. Al ser humano le gusta llegar hasta el último lugar, le atraen los retos, ya sea el Himalaya, el interior de la Tierra o la Luna. Está en nuestro ADN, solo que ahora la tecnología nos permite llegar a la Luna y, en aquel momento, únicamente les permitía internarse en la tierra», explica la científica del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh), Ana Isabel Ortega.
El Proyecto de Dataciones de Ojo Guareña, liderado por la investigadora burgalesa, presenta resultados de una tercera zona del complejo. Se han realizado 18 dataciones de la sala Keimada que «demuestran la frecuentación de este santuario de arte rupestre desde el Paleolítico Superior hasta la Edad del Hierro, en incursiones que respetan lo aportado por otros grupos», señala la investigadora del Cenieh.
Estas cinco etapas de ocupación se corresponden con el Paleolítico Superior, Neolítico, Calcolítico, Edad del Bronce y finales de la Edad del Hierro. Se han obtenido tras 18 dataciones inéditas que confirman lo que ya apuntaban los estudios de la Sala de las Pinturas y la Sala Cartón, que presentan cronologías similares a la nueva publicación, y la Sala de las Huellas, donde existen registros de incursiones realizadas hace entre 17.000 y 4.500 años.
«Ojo Guareña era un espacio central que representaba a una comunidad, no solo de la zona de la Merindad, sino posiblemente de buena parte del norte de España», señalaba durante la presentación del estudio publicado en 'Journal of Archaeological Science'. La zona es un complejo de galerías subterráneas compuesto por 14 cavidades y más de 110 kilómetros de conductos topografiados, distribuidos en seis niveles escalonados.
Pudo haber sido un lugar de peregrinación para las tribus de los alrededores cuando Altamira colapsó, hace 13.000 años por una caída de rocas. En el interior de Ojo Guareña hay un registro limitado. No se puede profundizar entre sedimentos como en Atapuerca porque se arrastraron por el agua. «Es una zona que, aún hoy, se inunda en caso de riadas, hay numerosas corrientes y no conservamos el sustrato del suelo. Lo que tenemos son elementos en la parte superior que estamos tratando de datar y analizar», resumía Ortega.
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Homenaje en piedra
Entre los elementos más singulares de la sala Keimada destaca una estructura lítica levantada intencionadamente en el interior de la cueva. Se trata de una especie de escultura u homenaje pétreo en el que se aprovecha una caída de rocas del techo, cuyos fragmentos se elevan y sostienen perpendicularmente mediante el apoyo de otras lajas menores.
«La laja principal no está repiqueteada trabajada en algunos bordes, conserva la superficie original, aunque también presenta líneas negras trazadas con carbón. Es una estructura extraña», señalan los investigadores.
Existe un antecedente similar: en 1992 se descubrió una estructura de este tipo en Tito Bustillo (Asturias), datada como paleolítica. «Por tipología podría ser paleolítica, pero también sabemos que debió de ser reutilizada o, al menos, visitada a lo largo de la prehistoria reciente, como el resto del santuario», añaden.
Visitada y respetada. Las diferentes incursiones, realizadas por comunidades separadas por más de 10.000 años, muestran una concepción común de este espacio como santuario. El respeto por lo que dejaron los antepasados ha permitido su conservación.
Los investigadores destacan además otros elementos singulares, como hoyos excavados con palos en la superficie de la sala; una «extraña estalagmita antropizada»; y, de forma especialmente llamativa, la introducción en el interior de restos de un individuo inmaduro de cerdo datado en la Edad del Hierro.
«Los cerdos domésticos no se adentran por sí solos en la oscuridad de las cuevas. Alguien lo llevó y lo depositó en un *gour* de agua, en el centro de la sala, junto a la extraña estalagmita antropizada, incorporando así un nuevo rasgo simbólico a la cueva», señalan los investigadores.
Esta incorporación no es una de las más antiguas. Los huesos del animal están datados en el periodo previo a la romanización y posterior a las Guerras Cántabras. «Estamos ante un último momento de uso ritual del santuario en un contexto de la Edad del Hierro en el que el cerdo o el jabalí poseen un fuerte simbolismo como ofrenda».
Análisis de pinturas rupestres
## Análisis de las pinturas
El arte rupestre si parte de los humanos del paleolítico. La parte más antigua, datada hace 13.500 años, corresponde a un panel de pinturas geométricas negras con «innumerables grabados sobre paredes y techos bajos realizados al deslizar las yemas de los dedos sobre la película arcillosa que recubre la roca».
También se han datado restos de carbón pertenecientes al Paleolítico Superior, aunque otros corresponden al Neolítico, al Calcolítico y a la Edad del Bronce.
Una cabeza de zoomorfo grabada y asociada a un contorno negro ha ofrecido una datación de hace 7.500 años, correspondiente a artistas del Neolítico Antiguo. Todos ellos determinan que esta zona era considerada un santuario especial, un centro de atracción y peregrinación de diferentes grupos humanos y culturas. El imán por lo sobrenatural y lo desconocido de Ojo Guareña aqyer que hoy es turístico, deportivo y científico.

Estructura de lascas de origen paleolítico pero retocada en épocas posteriores.
Escultura colocada de manera intencional en el interior de la cueva

El acceso es complicado, a través de una estrecha gatera de 19 metros, da acceso a la sala posterior de hasta 20 metros de altura.
Estrecho conducto de acceso que se ha utilizado desde hace 13.500 años

Estructuras realizadas por los visitantes en diferentes épocas. Hoyos excavados con palos y un espeleotema destrozado por los visitantes.
Hoyos realizados con palos en el suelo de la cavidad

Ana Isabel Ortega, investigadora del Cenieh, durante la presentación de los hallazgos del santuario de arte rupestre de Ojo Guareña.
Ana Isabel Ortega durante la presentación de los hallazgos.

Imagen de los hallazgos datados en la sala Kaimada.
Impresiones realizadas con el dedo y grabados

Registro analizado en las dataciones de sala Keimada en Ojo Guareña.