Martín, el niño con TEA que rompe barreras en el colegio de un pequeño pueblo de Burgos
El centro escolar de Sasamón, con una veintena de alumnos, se ha convertido en el escenario de una historia de inclusión.La implicación de profes y compañeros, la rutina y «el rechazo a las etiquetas sociales» han sido claves para el desarrollo de este pequeño de cuatro años con Trastorno del Espectro Autista

Martín en su clase del colegio de Sasamón.
«Las etiquetas son un invento de los adultos». Así lo asegura Alberto Carrera, director del pequeño colegio rural de Sasamón. «Aquí los niños solo ven a un compañero risueño, alegre y muy inteligente que a veces se frustra, que llora, pero al que todos corren a ayudar». Ese niño es Martín Gracia, un pequeño burgalés de 4 años con Trastorno del Espectro Autista (TEA) que «está demostrando que, con los recursos adecuados, el cariño de un pueblo y el potencial de la escuela rural, los límites no existen».
La historia de Martín es el mejor ejemplo del entendimiento y el trabajo en equipo entre una familia que confió a ciegas y un equipo docente que se negó a ver dificultades donde solo había un reto educativo y «hasta personal».
El colegio de Sasamón es un centro pequeño. De esos que dan vida al entorno rural. «Contamos con 14 alumnos entre Infantil y Primaria y 6 niños en el aula de cero a tres años», explica su director. Cuenta con un equipo docente modesto pero «tremendamente entregado», añade. «Tenemos dos tutoras, una profesora de Religión que viene una hora y media a la semana y una especialista en Pedagogía Terapéutica (PT) que acude tres horas semanales», añade.
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El camino no estuvo exento de dudas iniciales. «Martín comenzó en el aula de cero a tres años del centro cuando aún no tenía un diagnóstico firme». En eses momento, su hermano mayor, Mario, ya cursaba segundo de Primaria en el mismo colegio.
«Para nosotros era un reto absoluto», confiesa director. «Teníamos miedo de que la situación pudiera afectar negativamente a su hermano y la familia llegó a hablarnos de un posible cambio de centro, pero nos sentamos, hablamos y nos pusimos manos a la obra». La meta estaba clara y es que el equipo docente «decidimos que nuestro trabajo era favorecer la inclusión real y hacerlo con los recursos que tenemos en la mano».
La familia, que se trasladó a Sasamón desde Cervera de Pisuerga, depositó toda su confianza en el colegio. «Especialmente la madre, que venía de pasarlo muy mal, empezó a respirar al ver que los cambios llegaban y que el esfuerzo del centro era diario», asegura Alberto orgulloso.

Martín con su profesora Lucía de Pedro.
Hoy, Martín evoluciona «a pasos agigantados en el primer curso de Educación Infantil». Se mueve de manera autónoma «gracias al uso de pictogramas» que le ayudan a estructurar rutinas diarias como ir al baño, sentarse a almorzar o hacer las fichas en clase.
«Es un niño súper inteligente, risueño, cariñoso y muy curioso. Va a llegar a donde se proponga, solo necesita normas y mensajes claros y concretos», explica el director.
La clave del éxito radica también en la anticipación. Al tratarse de un colegio pequeño y con pocos cambios, el equipo docente, liderado por su tutora, Lucía de Pedro, y su profesora de inglés, Marina Nieto, le presenta visualmente a través de fotografías «todo lo que van a hacer cada día». De este modo, Martín ya va preparado.
Los logros ya son «tangibles y emocionantes», asegura el director del centro. «En este curso hemos conseguido llevarle a las piscinas, va de excursión con el resto y recientemente visitó la Catedral de Burgos, donde se movió con absoluta normalidad». Además, su evolución comunicativa es notable y «ya empieza a articular frases cortas». Su curiosidad innata se ha canalizado de forma extraordinaria. «Hemos notado que siempre que quiere investigar algo, te mira para pedirte permiso», relata Carrera.
El trabajo es multidisciplinar. Martín y su familia forman parte de la asociación Autismo Burgos, una entidad de referencia con la que el colegio de Sasamón se reúne de forma mensual para coordinar pautas y hacer un seguimiento conjunto.
Su gran apoyo
En esta historia hay un actor secundario que merece especial mención. Mario, su hermano mayor. «Durante un tiempo ejerció de protector, cargando con una madurez prematura», asegura Carrera. Desde el centro tuvieron claro que debían descargarle de esa presión. «Hablamos con él para hacerle entender que su hermano tiene otras necesidades y recibiría la ayuda necesaria, pero que él debía centrarse en disfrutar, jugar y aprender en la escuela como cualquier niño de su edad».
Por otro lado, el éxito de Martín es también el éxito de Sasamón. Todo el pueblo se ha volcado con él. Desde la cocinera del centro, hasta la cuidadora que lleva «toda la vida» en el colegio y que es un pilar fundamental en el día a día. El trato vecinal es inmejorable, hasta el punto de que «el próximo año el gran objetivo es que Martín comience a quedarse en el servicio de comedor» para que «comience a probar otros sabores y texturas e ir trabajando en dejar atrás la selectividad alimentaria».
Por la continuidad
A las puertas de iniciar su cuarto año en la dirección, Carrera se muestra muy satisfecho con el respaldo de la Dirección Provincial de Educación, pero el centro ya mira al futuro a medio plazo. «La estabilidad es fundamental para un niño con TEA, por lo que el colegio está batallando para lograr que la tutora de Martín pueda quedarse con él un par de años más. «Al menos hasta que finalice la Educación Infantil».
Para sortear la provisionalidad de las plazas interinas, el centro busca activar la vía de una plaza por comisión de servicio, un blindaje administrativo que permitiría dar continuidad al proyecto pedagógico personalizado que tan bien está funcionando. «Queremos luchar por seguir con él, lo vemos completamente factible. Hay informes de lo que se ha hecho y de todo lo bueno que está por venir», asegura el director.
El caso de Martín es la prueba de que la escuela rural puede ser «un espacio único para la inclusión» donde la falta de grandes infraestructuras se suple con «humanidad, flexibilidad y un firme convencimiento que a los niños no hay que ponerles etiquetas si no darles las herramientas para que puedan ser lo que ellos quieran».