El Correo de Burgos

«Por desgracia aún existe una reticencia enorme a denunciar»

La figura de la interlocutora policial sanitaria, en marcha en la comisaría desde enero del año 2018, ha permitido mejorar la comunicación con los profesionales

Imagen de personal sanitario en el HUBU.

Imagen de personal sanitario en el HUBU.TOMAS ALONSO

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Burgos

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El pasado año se registraron 28 agresiones físicas a sanitarios en Castilla y León, nueve de ellas en Burgos. Sin embargo, la preocupación creciente entre los profesionales del ámbito sanitario se centra en las agresiones verbales, que han ido en aumento y que en muchas ocasiones no se denuncian, por lo que no constan. Al menos para la Policía Nacional, que desempeña un papel importante en este ámbito a través de la figura de, en el caso de la comisaría de Burgos, la interlocutora policial sanitaria, la subinspectora de Policía Asun Boto.

Esta figura nace en el año 2017 y en el caso de la comisaría de Burgos empieza a funcionar de manera efectiva en enero de 2018, con la subinspectora Boto también como interlocutora, lo que la permite hacer un recorrido por estos casi diez años de funcionamiento de esta labor preventiva, con el objetivo de dotar a los profesionales sanitarios de un protocolo en una época en la que tanto el Ministerio de Sanidad como el Ministerio del Interior «deciden establecer un protocolo de actuación el aumento de las agresiones al personal sanitario», recuerda Boto, en una época en la que «sabíamos que había que ponerle freno porque había habido un desmadre».

Con el paso de los años, una de las cuestiones que aún echa en falta la interlocutora policial sanitaria de Burgos es que no se denuncia lo suficiente, «por desgracia todavía existe una reticencia enorme a denunciar». Las denuncias sirven para que la Policía pueda ir mejorando y afinando los protocolos de actuación que se explican en las charlas que se imparten a los profesionales. Unas charlas en las que se aportan elementos para «intentar prevenir sobre todo esas agresiones y si no podemos prevenirlas por lo menos minimizar los efectos que estaban produciendo esas agresiones». Es cierto, y así lo reflejan los datos, que no hay muchas agresiones físicas,«tenemos muchas más agresiones verbales, agresiones que generan ansiedad y generan gran incertidumbre entre el personal sanitario porque también en ocasiones tienen miedo».

Las denuncias son muy importantes, incide la interlocutora policial sanitaria, en primer lugar para que «la persona que agrede no salga impune», ya que se trata de un delito, después de que con la reforma del Código Penal el personal sanitario tiene la categoría de autoridad.

Por otro lado, las denuncias «nos ofrecen mucha información y nos ayudan a mejorar el protocolo que elaboramos para luego dar en las charlas e ir asesorando al personal sanitario». En este aspecto, la aplicación AlertCops podría ser una buena herramienta para los sanitarios, una aplicación que Boto muestra en todas las charlas que imparte. Aunque «no se está utilizando mucho». Y es una herramienta «muy buena porque es muy rápida». Está conectada de manera directa con la sala del 091.«Sólo hay que apretar durante cinco segundos y automáticamente eso salta en la sala del Cimacc, en una pantalla que te localiza, y te manda al coche que está más próximo».

Lo cierto es que esas agresiones verbales, esos desprecios y esas faltas de consideración han crecido con el paso de los años. Y, de forma inevitable, es en este punto en el que surge la pandemia, un periodo en el que «todo el mundo pensábamos que con la pandemia la gente iba a ser más comprensiva». En una época en la que «aplaudíamos a las ocho de la tarde, todos los días, por la ventana». Pero, «sorprendentemente» la pandemia ha hecho que las «cosas no hayan mejorado». 

Al contrario, han aumentado las agresiones verbales, «la gente está más irascible, tiene menos paciencia, somos más exigentes, sobre todo en los sitios donde las esperas son largas, como Urgencias». O cuando se va a pedir citas para una especialidad que se va a demorar en el tiempo. «Yo pensaba que se habían concienciado de la labor tan importante que hacían los sanitarios, y sin embargo todavía vemos que la gente sigue con esas exigencias y esas amenazas, siempre van con la amenaza por delante».

En las charlas lo que se hace es prepararlos para antes de que se pueda producir una agresión, para cuando se ha producido esa agresión y para después, con el objetivo de que si se produce «sepan reaccionar y no les pille por sorpresa». En definitiva, la prevención. Por ejemplo, en casos en los que hay constancia de la presencia de un paciente que es agresivo que «repetidamente produce incidentes en la consulta», se ofrece la posibilidad de que pueda acudir una patrulla por las inmediaciones por si ocurre alguna incidencia.

El cocimiento mutuo que ha ido generando con el paso de los años desde la creación de esta figura ha hecho que haya una «mayor conexión y unión». Hay reuniones periódicas en la Gerencia de Atención Primaria en las que se ponen en común las inquietudes de los profesionales. Y al haber mayor comunicación«existe menos recelo, porque antes venían a comisaría a denunciar y todo era más frío». Eso ha hecho que, más allá de las charlas, reciban visitas personales en las que los sanitarios cuentan casos particulares, así como llamadas por teléfono en las que «me hacen consultas»

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