LA POSADA
Ruta de los mercaderes. Tesoros por descubrir en Burgos a la sombra de la Catedral
La Fundación Ars Burgensis propone en Ars Mercatorum una experiencia cultural que hilvana patrimonio, historia y tecnología para reivindicar la huella que la pujante burguesía dejó en el corazón de la ciudad

El legado de los comerciantes de los siglos XV y XVI en la capital burgalesa protagoniza la iniciativa Ars Mercatorum.
La sombra de la Catedral de Burgos, como la del ciprés de Delibes, es alargada, y no solo por los más de ochenta metros que alcanzan sus agujas. Su importancia, trascendental como su vocación, hace que, además, acapare todas las miradas, todos los flashes. Eclipsa -y no solo este verano- algunos tesoros que fuera de su manto relucirían con brillo propio. Imán por excelencia para los turistas, hay quien se propone aprovechar su inmenso tirón para mostrar al mundo, ya rendido a su figura, que esta tierra guarda otros motivos para detenerse sin prisa.
He ahí, de hecho, la ambiciosa meta del proyecto impulsado por la Fundación Ars Burgensis, creada hace apenas dos años para «custodiar, revitalizar y proyectar hacia el futuro el patrimonio religioso, cultural, histórico y artístico legado por generaciones a la Archidiócesis de Burgos». A tales empeños responden claramente sus últimas iniciativas, con las que aspira a reivindicar joyas quizá desconocidas que realzan el valor de una provincia destacada precisamente por acumularlas, por ofrecer por doquier referencias a un pasado en el que prosperidad y devoción dieron forma a un paisaje monumental del que es posible presumir siglos después.
Ars Mercatorum se encarga de poner el foco en los frutos de tal alianza en la capital burgalesa. Ilumina así rincones que, por ubicarse a la vera misma de la Seo, pasan desapercibidos para el viajero -o residente- que solo tiene ojos, o tiempo, para ella. Propone esta actividad revisitar el corazón histórico de la ciudad y ahondar en la huella de los mercaderes que elevaron la calle Fernán González (en la que confluyen dos Patrimonios de la Humanidad, la propia Catedral y el Camino de Santiago) a la milla de oro de la época y convirtieron a Burgos en una de las grandes capitales comerciales de Europa durante los siglos XV y XVI.
Con esta premisa, el proyecto plantea una entrada conjunta para tres templos ubicados en este entorno vinculados por ese mismo relato histórico, al que se suman otros enclaves civiles próximos como el Palacio de Castilfalé -hoy sede del Archivo Municipal- o el de las Cuatro Torres (Capitanía) y elementos clave como la Escalera Dorada. «Lo que unifica estos lugares son los mercaderes», explica Enrique Ybáñez, párroco de las mencionadas iglesias, para recordar que Burgos protagonizó un fenómeno poco habitual en aquella época. «No es ni la Iglesia ni la nobleza la que construye estos edificios y eso supone una novedad en Europa. Los edificios religiosos también los empieza a construir la burguesía, que quiere mostrar su fe y enterrarse al estilo de los nobles», detalla.
Proliferan entonces construcciones de relumbrón que hoy, pese a la competencia, siguen siéndolo. Y este proyecto quiere demostrarlo. Ars Mercatorum explica por qué las tres iglesias elegidas forman parte de un mismo legado gracias a un hilo conductor ideado por la catedrática de la Universidad de Burgos Pilar Alonso Abad, que ayudaba a articular la narración que se despliega en una aplicación gratuita a modo de guía «completa y visual».
Una vez descargada y abonada la entrada (cuyas tarifas figuran en detalle en la web rutadelosmercaderes.com), comienza un camino que parte de la iglesia de San Nicolás de Bari, «punto de encuentro entre el cielo y la tierra» cuya construcción financiaron los Polanco, donde el visitante contempla su majestuoso retablo pétreo concebido para ser «irrepetible», además de una colección de tapices que Ybáñez define como «la mejor colección parroquial de España». San Esteban, que otrora estuviera rodeada por las casas de las familias más influyentes, alberga, además de obras de los grandes artistas que trabajaron en la Catedral, el Museo del Retablo, un rincón «único» por «su belleza y su contenido» que permite completar un itinerario por algunas de las mejores muestras del patrimonio religioso burgalés, cuyos lugares de origen desaparecían a causa de la despoblación. San Gil remata la terna como enclave «imprescindible para los amantes del arte». Bien de Interés Cultural desde 1931, brinda la muestra «de la pujante burguesía de la ciudad, que la adornó como símbolo de su prosperidad», señala la guía.
En ella proliferan los tesoros en los que recrearse. Capillas singulares como la del Santísimo Cristo de Burgos o ‘de las gotas’, con leyenda incluida, o la de los Burgos, donde se ubican algunos de los veinte enterramientos históricos que la convirtieron en el panteón de los comerciantes. Lucen en ella además ‘La Piedad’ de Adrián Insembrant, un óleo que cautiva, relieves de alabastro y sepulcros firmados por Simón de Colonia y Juan de Vallejo.
Unas gafas de realidad virtual sumergen al viajero en las raíces del templo y, de paso, en las del periodo de esplendor en el que se gestó. Culmina así, por todo lo alto y con el entusiasmo que suscita zambullirse de cabeza en el pasado gracias a las nuevas tecnologías, un triple hallazgo apto para todos los públicos.
Pero hay más. Porque de acuerdo con el empeño de la entidad que impulsa este mismo periplo florecen otras iniciativas de idéntica intención. Melliza a la ruta de los mercaderes es la llamada Ars Museorum, que extiende la invitación a encontrar piezas de incalculable valor cultural a lo largo y ancho de la provincia. Tres itinerarios, tres, enlazan, al norte, al sur y al este del territorio, hasta 17 templos musealizados cuya visita quedará grabada en la retina (no en vano acumulan 3.000 obras relevantes) y en el pasaporte virtual creado para motivar al viajero.
La elección de los espacios se basa en su relevancia patrimonial. Los monumentos seleccionados cuentan, todos, con la declaración de Bien de Interés Cultural, según señala el director general de la Fundación Ars Burgensis, Rodrigo Sáiz. «El criterio es la calidad máxima», afirma. En el listado de enclaves a recorrer con esta excusa figuran Castrillo del Val, Santa María del Campo, Castrojeriz, Sasamón, Villadiego, Santa María de La Vid, Aranda de Duero, Medina de Pomar, Valpuesta, Pancorbo, Burgos, Oña, Covarrubias, Peñaranda de Duero, Gumiel de Izán, Caleruega o Santo Domingo de Silos. El ya mencionado Museo del Retablo de la capital asume en este caso el papel de centro de recepción de turistas, punto de partida de una (otra) experiencia reveladora y lugar al que regresar, precisamente, una y otra vez para toparse en cada ocasión con un Burgos distinto que siempre, eso sí, merece la pena.

Una visitante consulta la aplicación Ars Mercatorum, que ofrece todos los detalles del recorrido.
Completa audioguía a golpe de clic.

Visitantes en el museo de tapices de San Nicolás, que alberga «la mejor colección parroquial de España» para sorpresa incluso de los burgaleses.
Sorpresas de peso

Además de las tres iglesias de San Nicolás, San Esteban y San Gil, la ruta incluye dos palacios, el de Castilfalé (en la imagen) y el de las Cuatro Torres (ahora Capitanía).
Tres iglesias, dos palacios, una milla de oro.

Padre e hijo conocen los secretos de la construcción de San Gil gracias a la realidad virtual.
Experiencias singulares para completar el plan.

Capilla de los Burgos en San Gil, donde se puede contemplar el óleo de Adrián Insembrant 'La Piedad'.
Arte por doquier.

Esplendor más allá de la Seo.